Archive for the ‘Kant’ Category

Martin Heidegger:

“Kant y el Problema de la Metafísica”:

“Aprehensión Pura. Reproducción Pura/ Reconocimiento Puro”= “El Tiempo”:

Martin Heidegger (1889 – 1976).-

___________________________________________________________________________

La fundamentación kantiana de la metafísica pregunta por el fundamento de la posibilidad interna de la unidad esencial del concimiento ontológico. Ésta se impone, en contra de la dualidad inicial de las dos fuentes fundamentales del espíritu (sensibilidad y entendimiento), como facultad intermedia que es el centro originariamente intuitivo. La interpretación de la imaginación trascendental como raíz, es decir, la explicitación de la manera en que la síntesis pura produce las dos ramas y las mantiene nos conduce al tiempo originario. Éste, en tanto forma originariamente la triplicidad unitaria del avenir, el sido y el presente en general, posibilita la “facultad” de la síntesis pura, es decir, posibilita lo que es capaz de producir: la unión de los tres elementos del conocimineto ontológico, en cuya unidad se forma la trascendencia.

Los modos de la síntesis pura- aprehensión pura. Reproducción pura, reconocimiento puro- no son tres porque se refieran al estado porque se refieran a los tres elementos del conocimiento puro, sino porque, siendo en sí originariamente uno, forman el tiempo, constituyen la temporación del tiempo mismo. Porque estos modos de la síntesis pura son originariamente uno en la triplicidad unitaria del tiempo, se encuentra en ellos la posibilidad de la unión originaria de los tres elementos del conocimiento puro. Y eso también el elemento originalmente intuitivo, la imaginación trascendental, en apariencia sólo una facultad intermedia y media, no es otra cosa que el tiempo originario. El tiempo originario posibilita la imaginación trascendental que, en sí, es esencialmente receptividad espontánea y espontaneidad receptiva. Únicamente esta raigambre en el tiempo hace que la imaginación trascendental pueda ser la raíz de la trascendencia. Solamente en esa unidad pueden la sensibilidad pura como receptividad espontánea y la apercepción pura como espontaneidad receptiva pertenecerse mutuamente y formar la esencia homogénea de una razón finita pura y sensible. Los conocimientos ontológicos son determinaciones trascendentales del tiempo, porque la trascendencia se temporacía en el tiempo originario.-

______________________________________________________________________________

____________________________________________________________________________

Fuente Original Post: Heidegger, Martin. Kant y el Problema de la Metafísica. México D. F. Fondo de Cultura Económica. 1996.- 

_______________________________________________________________________________

Read Full Post »

Ética y Psicoanálisis: “El Goce y el Deseo Frustrado”:

Kant representa la culminación de la ética que predica el universal y que tiene su conclusión dramática en distintos momentos pero particularmente en el terror posterior a la Revolución francesa, es decir, una experiencia política que no respetó la existencia en el intento de establecer el reino de lo universal. La ética de Kant sacrifica la particularidad del goce en función del imperativo universal. El imperativo kantiano es igual que la operación sádica, puesto que el sádico también quiere someter a todo el mundo al universal de su goce. Ese es el punto en que los dos se encuentran. Mientras Kant quiere sacrificar por su ley a todas las existencias, el Marqués de Sade puede hacer pasar a todo el mundo al papel de víctima en nombre del universal de su goce, es decir, la máxima del derecho al goce. En Sade se trata de instaurar un régimen de igualdad en que cualquier individuo puede forzar a cualquier otro a gozar y de inscribir en la legislación la constancia de que ésa es la fuente de la igualdad política. Cualquier ciudadano equivale a cualquier otro porque todo hombre es un déspota cuando goza y la igualdad consiste en dejar que en todo gozador se desarrolla el despotismo del goce. Esto supone la intercambiabilidad absoluta de los ciudadanos gozadores, a imagen de la permutabilidad rigurosa de los órganos eróticos en las posturas libertinas.

________________________________________________________________

Izquierda: Immanuel Kant (1724/1804). Derecha:  Donatien Alphonse François de Sade/Marqués de Sade (1740/1814).-

_____________________________________________________________________

Jacques Lacan, por su parte, dice: “…el patíbulo no es la Ley. La Ley es otra cosa”. La Ley es otra cosa porque está más allá del juego de recompensas y castigos; más allá de aquello que el significante articula, del deseo sometido a la metonimia significante. La Ley no está del lado del significante sino de la Cosa, se confunde con ésta porque es pérdida pura y originaria que impone incondicionalmente un “más allá del bienestar”, el sacrificio de todo bienestar en nombre de la Ley.

_________________________________________________________________

Jacques-Marie Émile Lacan (1901/1981).-

____________________________________________________________________

Así en tanto Cosa la Ley es causa de la división del sujeto porque le exige, más allá de toda búsqueda de placer, una entrega incondicional a ella misma, ese retorno a un origen oscuro que ilustra Edipo en Colono: “No nacer es la suerte que sobrepasa a todas las demás; pero una vez nacido, el volver lo más pronto posible al origen de donde uno ha venido es lo que procede“.

_________________________________________________________________

_______________________________________________________________

La Ley antes de llenarse de contenido empírico es forma pura. Del lado de la Cosa no hay consistencia: la Cosa es la Ley en tanto instancia de la que procede la posibilidad misma de desear. De Kant y Sade el psicoanálisis retoma un aspecto fundamental. Más allá de la posibilidad de desear- que hace de un objeto sensible un objeto deseado- está la Cosa. Es la Cosa no condicionada a ninguna otra pues constituye lo incondicionado por excelencia, lo imposible de figurar, “fuera-significado” (“hors-signifié”). La existencia misma del psicoanálisis está ligada a esta imposibilidad del amor tal como se desprende de la pregunta que Freud le dirige a Pfister el 9 de octubre de 1918: “Respecto a la posibilidad de la sublimación hacia la religión, sólo me queda envidiarlo desde el punto de vista terapéutico. Pero lo hermoso de la religión desde luego no pertenece al psicoanálisis. Es natural que aquí, en la terapéutica nuestros caminos se separen y así puede continuar. Muy al margen, ¿por qué no fue uno de tantos piadosos quien fundó el psicoanálisis? ¿Por qué fue necesario esperar a un judío totalmente ateo?” .

_______________________________________________________________________
Links Post:
http://www.freud-lacan.com/articles/article.php?id_article=00254
http://www.webdianoia.com/moderna/kant/kant_fil_etica.htm

________________________________________________________________________

Read Full Post »

 Max Scheler: “El Puesto del Hombre en el Cosmos I”:

“Diferencias entre el Hombre y el Animal”:

Podemos definir la inteligencia diciendo que es “la evidencia súbita de un nexo objetivo o de valor en el mundo circundante”, valor  que, ni está dado directamente en la personalidad ni que ha sido percibido nunca, esto es, que no puede conseguirse por reproducción… Este pensamiento no reproductivo, sino psíquico, se caracteriza siempre por la anticipación de un hecho nuevo, nunca vivido (prudentia, providentia, sagacidad, astucia). El primer acto del drama del hombre consiste en que la conducta es motivada por la pura manera de ser de un complejo intuitivo, elevado a la dignidad de objeto;  y es motivada, en principio, prescindiendo del estado fisiológico del organismo humano, de sus impulsos y de las  partes externas sensibles del medio, que aparecen juntamente en esos impulsos y están siempre determinadas modalmente. El segundo acto del drama consiste en reprimir libremente un impulso, o en dar rienda suelta a un impulso reprimido en un principio. Y el tercer acto es una modificación de la objetividad de una cosa, modificación que el hombre vive como valiosa en sí y definitiva. Este “hallarse abierto al mundo” tiene, entonces,  la siguiente forma:

Hombre <-> Mundo -> ->

Esta conducta es susceptible de una expansión ilimitada: hasta donde alcanza el mundo de las cosas existentes. El hombre, es, de acuerdo a esto, la X, cuya conducta puede consistir en un “abrirse al mundo” en medida ilimitada. Es profundo y exacto lo que dice Nietzsche: “El hombre es un animal que puede prometer”. El hombre  es el único que puede elevarse por encima de sí mismo- como ser vivo- y partiendo de un centro situado, por así decirlo, allende al mundo espacio-temporal-, convertir todas las cosas, inclusive a sí mismo, en objeto de su conocimiento. Este supremo centro sólo puede residir en el fundamento supremo del ser mismo. El Hombre es, por tanto, el ser superior a sí mismo y al mundo. Ya Kant, en su teoría de la apercepción trascendental, ha explicado en lo esencial esta nueva unidad del cogitare, la cual es “condición de toda experiencia posible y por tanto también de todos los objetos de la experiencia”. Con esta teoría, ha elevado Kant, por primera vez, al espíritu por sobre la psique, negando expresamente que el espíritu sea sólo un grupo de funciones pertenecientes a una supuesta alma sustancial, cuya ficción es debido sólo a una injustificada sustancialización de la unidad actual del espíritu.-

________________________________________________________________________________________________

Max Scheler (1874/1928).-

 ____________________________________________________________________________________________________

Fuente Post: Scheler; Max. El Puesto del Hombre en el Cosmos. Buenos Aires. Losada. 1960.-

__________________________________________________________________________________________________

Read Full Post »

Kant: Estética y Principio de Autonomía .-

En la Crítica del Juicio Kant se anticipa ya a la autonomía y el desinterés de lo estético, idea que continuará vigente en el curso de la estética moderna y contemporánea. El juicio de gusto fundado en la “pura satisfacción desinteresada“, diferencia el placer “puro” que sentimos ante la contemplación de lo bello, del placer “interesado”, propio de lo útil o de lo moral.  En palabras de Kant, “el juicio de gusto no es un juicio de conocimiento y, en consecuencia, no se funda en conceptos ni se hace con vistas a ellos.” Al fundar este principio, Kant se convierte en el primero en defender la autonomía de lo estético respecto de los fines prácticos y del concepto teórico.  En la Estética kantiana el concepto de juego aparece, a su vez, unido a este principio de autonomía en cuanto “juego libre de las facultades de conocimiento, imaginación y entendimiento.” El juego libre de estas facultades adquiere ese carácter de autonomía porque “ningún concepto las limita a una regla de conocimiento determinada”. El juego  es “Finalidad sin Fin”. Juego y arte manifiestan una autonomía que les permite ser, y no sólo en sentido figurado, un mundo dentro del mundo.

Schiller: La educación estética y el «impulso de juego»

Schiller sugiere una crítica a la razón ilustrada -pues ésta aún no ha llegado a dar cumplimiento al ideal de un estado verdaderamente racional-, partiendo de los mismos principios ilustrados, que no rechaza, y cuya puesta en práctica es la que ha fracasado. El medio para llevar a cabo este proceso de ennoblecimiento es la belleza pues ella, como principio de libertad o autonomía en la apariencia sensible, se relaciona íntimamente con la esencia moral del ser humano que es, precisamente, ser para la libertad Por ello, la educación del hombre, con miras a resolver el problema político de una sociedad plenamente racional y libre, debe ser “estética”. El núcleo del fracaso del proceso de la Ilustración reside en que lleva a la enajenación del ser humano respecto de su esencia, esto es, se funda en el antagonismo kantiano entre individuo y sociedad (o Estado). Por el contrario, la reflexión de Schiller se rige por el principio antropológico de la doble naturaleza inseparable  del carácter humano.  A cada uno de estos elementos básicos le otorga un “impulso sensible” y un “impulso formal”, respectivamente. La belleza sería la instancia que hace posible educar simultáneamente la facultad sensible y la facultad racional ya que las contiene a ambas. De aquí que la cultura pueda considerarse como “estética” en tanto fundamenta y asegura la acción recíproca de los dos impulsos.  Ahora bien, el principio por el cual la belleza puede “actuar” es el “impulso de juego” (Spieltrieb) que engloba a los otros dos impulsos en un movimiento dialéctico suprimiendolos y conservándolos a la vez:  “El impulso de juego (…) en la misma medida en que arrebate a las sensaciones y a las emociones su influencia dinámica, las hará armonizar con las ideas de la razón, y en la misma medida en que prive a las leyes de la razón de su coacción moral, las reconciliará con los intereses de los sentidos.”    
La acción recíproca de los dos impulsos realiza la idea de Humanidad , y, por tanto, la idea del cumplimiento pleno de la determinación del carácter humano; en palabras de Schiller: “La razón exije por motivos transcendentales que haya una comunión del impulso formal con el material, esto es, que exista un impulso de juego, porque sólo la unidad de la realidad con la forma, de la contingencia con la necesidad, de la pasividad con la libertad, completa el concepto de humanidad.”
Link:
http://www.javeriana.edu.co/Facultades/C_Sociales/Facultad/sociales_virtual/publicaciones/arena/schiller.htm

Read Full Post »

El sujeto del idealismo kantiano sólo conoce lo que él mismo constituye o crea. Por lo que lo nouménico o incognoscible surgirá como región sin significado o entidad propia; es aquello que puede pensarse o postularse (Dios, la inmortalidad del alma, el mundo como totalidad); pero que nunca será parte del conocimiento posible y legítimo. El entendimiento con sus categorías (la causalidad entre ellas) constituye el horizonte universal de la naturaleza, un orden a priori, e invariable en cuanto a su estructura trascendental. En el caso de que primero es lo universal, y luego se le integra lo particular, los juicios son determinantes. Si primero es lo particular que luego debe subsumirse en lo universal, el juicio será reflexionante.  El juicio estético, el juicio vinculado a la valoración de la belleza y su generación de placer, será también apriorístico y subjetivo. Kant así, en su Crítica del juicio, pensará la estética más allá de las apreciaciones personales respecto a lo que es bello. La estética kantiana se suspende sobre una primera afirmación o principio: “Lo bello es el objeto de un placer desinteresado”. La experiencia estética no surge del deseo, de la expectativa de un embargarse en una sensación de agrado. Lo desinteresado alude a la índole esencialmente contemplativa del placer estético. La percepción de lo bello no es inicio de una senda de medios hacia un fin específico. El objeto bello no posee explicación, es indefinible, inútil y gratuito. No es efecto de un concepto ni, como observamos antes, de una finalidad.

Pero la ausencia del concepto no significa ausencia de forma. El juicio estético expone una forma universal y a priori de la experiencia. “La belleza es la forma de la finalidad de un objeto en cuanto ésta es percibida sin la representación de un fin“. La universalidad del juicio estético satisface al entendimiento y su determinación de un orden general. Pero lo universal del juicio estético carece de un concepto dado, carece de un fin, está libre de una ley condicionante; es una “legalidad sin ley”. La imagen de la belleza experimentada por el sujeto nace así de la imaginación, de la imaginación estética. El placer frente al objeto bello entonces sería el resultado de la armonización entre el entendimiento y su objetividad, y la imaginación como sensual y espontánea respuesta del sujeto. El placer surge de esta armonía entre lo racional y universal, y lo imaginativo y subjetivo. Lo conceptual y lo sensual se reconcilian. El sujeto recobra su unidad.  Pero la belleza no agota la experiencia estética. para Kant, como antes observamos, aún la experiencia de lo sublime dinámico agranda y consolida la autovaloración exaltada del sujeto . 

 Lo estético en Kant habla del sujeto y no de una posible realidad anterior o independiente a la subjetividad. En su Introducción a la estética, Hegel asegura que la estética kantiana “es, a fin de cuentas, sólo subjetiva, es decir, realizada por el sujeto, y existe sólo en virtud de su juicio, no responde a la verdad y a la realidad en sí”.

Lo bello siempre resplandece a través de las formas de lo visible y limitado. Lo bello es aprehensión de un objeto limitado, mesurado. Lo sublime, en cambio, es el reino de lo desmesurado, lo inacabable, lo ilimitado. Lo sublime matemático es la experiencia de la grandeza desmesurada. Es la bóveda estrellada del cielo. Lo sublime dinámico es la potencia desmesurada. Es la violencia desaforada de una tempestad, la roja lava de las laderas de un volcán; la exaltada caída del agua de una cascada. Lo sublime, lejos de empequeñecer al hombre, lo eleva, lo afirma en su propia grandeza porque “la sublimidad no está encerrada en cosa alguna de la naturaleza, sino en nuestro propio espíritu, en cuanto podemos adquirir la conciencia de que somos superiores a la naturaleza dentro de nosotros y por ello también a la naturaleza fuera de nosotros”.- 

Link:
http://www.temakel.com/ensayobellezakantschiller.htm

Read Full Post »

« Newer Posts - Older Posts »

%d bloggers like this: