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 Henry Miller: “A la Caída de la Noche”…

(Extractos de “Trópico de Capricornio”):

 

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henry miller

 ”A la caída de la noche, el universo de cabeza de alfiler empieza a expandirse. Se expande orgánicamente, desde una motita nuclear infinitesimal, al modo como se forman los minerales o las constelaciones de estrellas. Corroe el caos circundante como una rata que horada el queso. Desde el principio todo era Caos…

Pero a veces he llegado a estar tan cerca del centro, del núcleo de la confusión, que me asombraba de que no explotara todo a mi alrededor… Todo el caos podría juntarse en la cabeza de un alfiler pero el yo, microscópico al comienzo, crece hasta convertirse en un universo desde cualquier punto del espacio. Solos dos platos en el menú: el yo y el no yo. Y una eternidad para elaborarlo. En esa eternidad que no tiene nada que ver con el tiempo ni con el espacio hay interludios en que se produce algo así como un deshielo. La forma del yo se descompone, pero el yo, como el clima, permanece.Veo a mi alrededor… No hay forma, ni imagen, ni arquitectura, sólo vueltas concéntricas. Soy la flecha de la sustancialidad del sueño. Verifico volando. Anulo dejándome caer a la Tierra… Así pasan los momentos verídicos del tiempo sin espacio en el que sé todo y sabiéndolo todo, me desplomo bajo el salto del sueño sin Yo…Estamos bailando en el hueco de la taza de la Nada. Somos de una misma carne, pero estamos separados como estrellas”.-

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Henry Miller (1891 /1980).-

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ω Henry Miller´s Paintings:

Henry Miller - À la Durrell.-

Henry Miller – Poseidon.-
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Fuente Original Post:
Miller, Henry. Trópico de Capricornio. Bogotá. Oveja Negra/R.B.A Proyectos Editoriales. S.A. 1985.- 

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→ Pingback Aquileana:

• Henry Miller: “Trópico de Capricornio”:
http://aquileana.wordpress.com/2008/12/19/henry-miller-tropico-de-capricornio/

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ω Henry Miller Dixit:

“One´s Destination is Never a Place but rather a New Way of Looking at Things”. (Henry Miller).-

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→ Links Post:  
http://nexusmiller.org/
http://mysticmedusa.com/2009/08/03/henry-miller-hated-saturns-guts/
http://www.elmundo.es/elmundo/2008/06/03/dragolandia/1212502355.html
http://edwardcolettispoetryblog.blogspot.com/2009/04/henry-miller-died-happypoets-forumswede.html

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François Fénelon: “El Ente Infinito”:

(Sobre la Existencia de Dios):

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Sé que tengo en mí la idea de un ente infinitamente perfecto. He descubierto que si existe este ente, existe necesariamente y por sí mismo: que no puede ser concebido sino como existente actualmente, puesto que su esencia consiste en existir siempre por sí mismo. Si en su esencia se incluye su existencia, jamás podremos considerarlo de otra manera. No podemos creerlo posible sin que exista actualmente, porque esto sería destruir su idea y alterar su esencia. Verdad es que lo concebimos, luego existe actualmente esta conclusión…

Sin duda tengo alguna idea de este ente, y si es diferente a mi, debo haber recibido la existencia de él. Claramente veo que debe existir también en la naturaleza. Son necesarias todas las cosas o sólo existe un ente necesario que les ha dado su existencia; de las dos suposiciones, nace la idea de un ente necesario. Por lo tanto, concibo este ente y la necesidad absoluta de su existencia.

La idea que de él tengo formada lleva consigo la de su existencia actual; porque por ella la distingo y separo de todos los demás entes que llego a concebir.

Si le privo a la idea de la existencia actual, desaparece; si se la restituyo, vuelve a aparecer porque es inherente a ella. Así como la existencia se incluye en el pensamiento, este carácter se incluye en su esencia, de manera que es tan cierto que, de existir, existe actualmente; como que no se puede pensar sin existir. De modo que con decir que existe el ente infinito ha de sobreentenderse que existe actualmente, así como no necesito decir que existo, cuando digo que pienso para que su necesidad quede supuesta.  

Trátese de juzgar de la existencia de Dios, como de las propiedades que convienen a los otros entes. Si la existencia actual es tan inherente a la esencia de Dios, como, por ejemplo, la razón lo es al hombre, debe llegarse a la conclusión de que necesariamente Dios existe, con la misma seguridad que deducimos que el hombre es racional. Asentado que la razón es esencial al hombre, no nos detendremos a afirmar que el hombre es racional porque esta conclusión es absoluta y necesaria. Igualmente establecido el hecho de que la existencia actual es esencial al ente necesario e nfinitamente perfecto, no podemos menos que reconocer absolutamente que no puede dejar de existir y que existe necesaria y actualmente.-

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François Fénelon (1651/1715).-
Retaro al Óleo de Joseph Vivien. (1657/1734).-
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ω ANEXO: “TRES GRADOS DE SEPARACIÓN”:

Argumentos Ontológico/Metafísicos sobre la Existencia de Dios  similares  a los de Fénelon:

1) San Agustín de Hipona (354/430):

Para San Agustín, la fe es un modo de pensar asistiendo, si no existiese el pensamiento, no existiría la fe. Por eso la inteligencia es la recompensa de la fe. Esta postura se sitúa entre el fideísmo y el racionalismo. A los racionalistas le responde: Crede ut intelligas y a los fideístas: Intellige ut credas, pues es imposible creer sin razón. San Agustín quiere comprender el contenido de la fe, demostrar la credibilidad de la fe y profundizar en sus enseñanzas. La filosofía agustiniana se centra en dos temas esenciales: Dios y el hombre.  El Hombre puede ascender a Dios por tres vías: la vía del ser, de la verdad y del amor. Ahora bien, llegaremos a un Dios incomprensible, inefable. Este Dios es el ser sumo, la primera verdad y el eterno amor. Agustín define al Hombre como un grande profundum y una magna quaestio.

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2) San Anselmo de Canterbury (1033/1109):

El Argumento Ontológico sobre  de La Existencia de Dios  tiene una estructura lógica que puede resumirse como sigue:

a) Concebimos a Dios como aquello mayor que lo cual nada puede pensarse, y esa idea de Dios es comprendida por cualquiera.

b)  Pero aquello mayor que lo cual nada puede pensarse debe existir no sólo mentalmente, en la idea, sino también extramentalmente, en la realidad, pues siendo la existencia real una perfección, será más perfecto  el ser existente en la realidad que otro que posea los mismos atributos pero que sólo exista mentalmente.

c)  En consecuencia, Dios existe no sólo en la mente (como idea) sino también extramentalmente, en la realidad. 

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3) René Descartes (1596/1650):

La afirmación “Pienso, existo” se presenta  a la conciencia con “claridad” y “distinción”. Por lo tanto, serán aceptadas como verdaderas aquellas ideas que sean claras (ciertamente presentes a la conciencia) y distintas (no confundidas con otras ideas).
La existencia de Dios despeja las dudas sobre el conocimiento racional, que tiene en Dios a su garante.
 

3era Meditación Metafísica: El Ser Perfecto:     

Existen ciertas ideas más perfectas que otras. La más perfecta de todas las ideas presenta realidad objetiva, se trata de la Idea de Dios, pues es ésta la que reúne todas las perfecciones. La idea de perfección absoluta debe estar en nuestra mente porque un ser más perfecto que nosotros nos la ha puesto; debe se innata. Ese ser más perfecto es Dios.  

→5ta Meditación Metafísica: El Argumento Ontológico:

En la idea de Dios está comprendido el ser absolutamente perfecto;   el existir realmente hace de algo más perfecto que el existir meramente en el pensamiento o que la mera posibilidad de existir. La existencia necesaria y eterna está comprendida en la idea de un ser absolutamente perfecto. Luego: Dios existe. 

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Fuente Original Post:

Fénelon, François. “El Ente Infinito”. Buenos Aires. Tor. 1949.-

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Pingbacks Aquileana:

♣ Sobre la Existencia de Dios:
San Anselmo de Canterbury: “Argumento Ontológico sobre  de La Existencia de Dios”.-: 
http://aquileana.wordpress.com/2007/11/02/san-anselmo-de-canterbury/
René Descartes. “El Genio Maligno y Dios”:
http://aquileana.wordpress.com/2007/08/01/descartes-el-genio-maligno-contra-dios/
San Agustín de Hipona: Razón y Fe”:
http://aquileana.wordpress.com/2007/11/01/san-agustin-de-hipona/
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Links Post:
http://www.gutenberg.org/browse/authors/f#a3810
http://elrohil.blogspot.com/2008/08/fnelon.html
http://www.wga.hu/frames-e.html?/html/v/vivien/fenelon.html
http://www.proverbia.net/citasautor.asp?autor=354

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CSI MIAMI: Horatio Caine:

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 Carson Mc Cullers:

“El Aliento del Cielo”: “Un Árbol, una Roca, una Nube”:

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“Sucede que en los momentos en que se espera un golpe muy fuerte pero desconocido, la mente se prepara instintivamente y abandona de manera momentánea la facultad de sorprenderse”… (Carson Mc Cullers. “Reflejos en un Ojo Dorado”).-

“Bajar es la parte más difícil de cualquier ascenso” (Carson Mc Cullers. “El Corazón es un Cazador Solitario”).-

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Sinopsis de “El Aliento del Cielo”:

Carson McCullers transmitió con una maestría  la grandeza y la tragedia del alma humana. Su obra ha seducido a generaciones de lectores, mientras la crítica la encumbraba en el pedestal de los clásicos del siglo XX. “El Aliento del Cielo” comprende la totalidad de sus cuentos, trece de ellos inéditos en nuestro idioma, y sus tres novelas cortas, “Reflejos en un Ojo Dorado” (*), “La Balada del Café Triste” y “Frankie y la Boda”. Rodrigo Fresán aporta a esta edición un revelador retrato de la singular vida de McCullers.-

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Carson McCullers (1917/1967).-

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Un Cuento de  “El Aliento del Cielo”: “Un Árbol. Una Roca. Una Nube”

Sinopsis y Reseña (*):

 

El cuento  ”Un Árbol. Una Roca. Una Nube” es con mucho, posterior a “La Balada del Café Triste”, sin embargo entre ambos existe un hilo no demasiado visible que conecta un relato con el otro.  Dichos cuentos, tienen una constante que es común en casi todos los textos de esta autora y es, el amor en todas sus vertientes. El amor parece ser en esta escritora nacida en el sur de los Estados Unidos (Atlanta, Georgia) su tema preferido, por tanto no resulta extraño que, de tanto escribir de lo mismo esta genial autora se haya convertido en una experta en la materia y que vaya más lejos aún, que se atreva a teorizar sobre un asunto tan complejo.  A pesar de la calidad literaria  del cuento de la escritora norteamericana, algunos críticos no dejaron reparos a esta joya de la narrativa,  recordando que el título del mismo se parecía demasiado al del cuento de Thomas Wolfe: “Una hoja, Una piedra, Una puerta”. Esto dejaba de ser una crítica banal, porque por encima del título del cuento (y también por debajo) vibra una narración limpia y ordenada, cuya tema principal podría ser “la persecución del amor perfecto”.

Una nube contiene los esbozos de una ciencia del amor, que aunque delineada por el personaje principal, el viejo borrachín del cuento, no deja de ser la voz de la autora. La balada del café triste posee en cambio, la tesis que convierte en realidad aquellos esbozos que pretenden pasar por una pseudociencia. Ciencia y tesis sobre el amor forman parte del siquismo de la Carson McCullers, lo que se hace patente en un momento en que este último relato parece haberse congelado para dar paso a unas reflexiones que hace la narradora omnisciente. Esta habla sobre la experiencia del amor, elaborando de paso su tesis. Carson McCullers sólo necesita tres párrafos y, aunque utiliza muy pocas palabras, dice en cambio demasiado.

Veamos: En primer lugar, el amor es una experiencia común a dos personas. Pero el hecho de ser una experiencia común no quiere decir que sea una experiencia similar para las dos partes afectadas. Hay el amante y hay el amado, y cada uno de ellos proviene de regiones distintas. Con mucha frecuencia, el amado no es más que un estímulo para el amor acumulado durante años en el corazón del amante. No hay amante que no se dé  cuenta de esto, con mayor o menor claridad; en el fondo, sabe que su amor es un amor solitario. Conoce entonces una soledad nueva y extraña, y este conocimiento le hace sufrir. No le queda más que una salida, alojar su amor en el corazón del mejor modo posible; tiene que crearse un nuevo mundo interior, un mundo intenso, extraño, suficiente. Permítasenos añadir que este amante del que hemos hablado no ha de ser necesariamente un joven que ahorra para un anillo de boda; pue e ser un hombre, una mujer, un niño, cualquier criatura humana sobre la tierra. Y el amado puede presentarse bajo cualquier forma. Las personas más inesperadas pueden ser un estímulo para el amor. Se da por ejemplo el caso de un hombre que es ya un abuelo que chochea, pero sigue enamorado de una chica desconocida que vio una tarde en las calles de Cheehaw, hace veinte años. Un predicador puede estar enamorado de una mujer perdida. El amado podrá ser un traidor, un imbécil o un degenerado, y el amante ve sus defectos como todo el mundo, pero su amor no se altera lo más mínimo por eso. La persona más mediocre puede ser objeto de un amor arrebatado, extravagante y bello como los lirios venenosos de las ciénagas. Un hombre bueno puede despertar una pasión violenta y baja, y en algún corazón puede nacer un cariño tierno hacia un loco furioso. Es sólo el amante quien determina la valía y la cualidad de todo amor. Por esta razón, la mayoría preferimos amar a ser amados. Casi todas las personas quieren ser amantes. Y la verdad es que, en el fondo, el convertirse en amados resulta intolerable para muchos. El amado teme y odia al amante, y con razón, pues el amante está siempre queriendo desnudar a su amado, aunque esta experiencia no le cause más que dolor. Nadie podría ser más preciso, conciso y contundente. Y es que a pesar de los pocos años que le concedió la vida, Carson McCullers supo aprovecharlos para vivir a plenitud y conciencia.La ciencia del amor perfecto.Es bien sabido que, en muchas ocasiones, un autor pone en boca de algunos de sus personajes, lo que es parte de su credo existencial, por tanto no deja de contener mucha verdad la creencia de que la literatura, entre todas las artes, es la que revela más cosas de la siquis de un creador.

Y no basta que éste ejerza una férrea vigilancia de su subconsciente, porque en algún momento de descuido los secretos logran asomar su cabeza al exterior, poniendo al desnudo todo aquello que se mantenía oculto siendo lo peor de todo, que el último en enterarse que ha estado revelando pormenores de su vida, es aquél que involuntariamente ha estado confesándose. En el cuento Un árbol. Una roca. Una nube, Carson McCullers postula por boca de un forastero borrachín que bebe en una cantina, los principios de una “ciencia del amor” que en lo particular parece formar parte del credo de esta escritora. El cuento  es de una belleza indescriptible, sin penosos ascensos a pesar del drama angustioso que describe, pero también sin bruscas caídas argumentales. Todo parece acontecer de una manera tan simple, que produce desconcierto y pena.-

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Chés mi leidi: “El Aporte de Aquileana al Mundillo de la Cultura”:

El Cuento Completo de Carson Mc Cullers:

“Un Árbol, una Roca, una Nube”:

Llovía aquella mañana y todavía estaba muy oscuro. El chico de los periódicos había terminado casi su recorrido cuando llegó al cafetín y entró a tomarse una taza de café. Era un sitio que estaba abierto toda la noche y pertenecía a un hombre amargado y mezquino llamado Leo. Después de la calle desolada y vacía, tenía im aire simpático y alegre; junto a la barra había un par de soldados, tres tejedores de la fábrica y, en una esquina, un hombre encorvado, con las narices y media cara dentro de un jarro de cerveza. El chico llevaba un casco como el de los aviadores. Cuando entró en el café se desató el barboquejo y levantó la orejera derecha sobre su orejita colorada. Casi siempre, mientras bebía el café, alguien le decía algo cariñoso. Pero esa vez Leo no le miró y ninguno de los hombres le habló. Pagó, y ya se iba, cuando una voz llamó:

-Hijo. Eh, hijo.

Se volvió y el hombre de la esquina le hacía señas con el dedo llamándole. Había levantado la cara del jarro de cerveza y parecía de repente muy alegre. El hombre era largo y pálido, con una gran nariz y el pelo anaranjado marchito.

-Eh, hijo.

El chico de los periódicos fue hacia él, Era un chiquillo escuchimizado de unos doce años, con un hombro más alto que otro por el peso del saco de periódicos. Tenía la cara chupada y pecosa y sus ojos eran unos ojos redondos de niño.

-¿qué, señor?-.

El hombre puso una mano sobre los hombros del chico de los periódicos, luego le cogió la barbilla y le movió despacio la cara de un lado para otro. El chico retrocedió incómodo.

-Diga, ¿qué quiere?.

La voz del chico era chillona. El café de pronto se quedó muy silencioso. El hombre dijo despacio: Te quiero. 

En la barra los hombres se rieron; el chico ya se había echado para atrás, y quería irse, no sabía qué hacer. Miró por encima del mostrador a Leo y Leo le miraba con una mueca aburrida de burla. El chico intentó reírse también, pero el hombre estaba serio y triste. 

No he querido tomarte el pelo, hijo. Siéntate y toma una cerveza conmigo. Tengo que explicarte una cosa-dijo.

Cautamente, con el rabillo del ojo, el chico de los periódicos consultó con los hombres de la barra, preguntándoles qué hacer. Pero ellos habían vuelto a sus cervezas y a sus desayunos y no le hicieron caso. Leo puso en el mostrador una taza de café y una jarrita de nata.

-Es menor de edad- dijo.

El chico de los periódicos trepó hacia el taburete. Su oreja, debajo de la orejera levantada, era muy pequeña y muy colorada. El hombre asentía con la cabeza seriamente.

Es importante- dijo. Y buscó en el bolsillo de atrás y sacó algo que enseñó en la palma de la mano para que lo viera el chico.-. Míralo atentamente- dijo. 

El chico miró, pero no había nada que mirar con atención. El hombre tenía una fotografía en la palma de la mano grande y mugrienta. Era un rostro de mujer. Tan borroso que solamente se veían con claridad el traje y el sombrero que llevaba. 

¿Ves?-dijo el hombre. 

El chico asintió y el hombre le enseñó otra fotografía. La mujer estaba de pie en una playa, en traje de baño. El traje de baño le hacía un estómago muy grande, eso era lo primero que se notaba.

Has mirado bien?- Se inclinó más todavía acercándose y, finalmente, preguntó-: ¿La habías visto antes?. 

El chico estaba sentado sin moverse, mirando de soslayo al hombre.

-No, que yo sepa.

-Muy bien.- El hombre se volvió a meter las fotografías en el bolsillo-. Era mi mujer.

¿Murió?- preguntó el chico.

Despacio, el hombre negó con la cabeza. Frunció los labios como si fuera a silbar y contestó de manera indecisa: Eh…-dijo-. Te explicaré. 

La cerveza, en el mostrador, delante del hombre, estaba en su gran jarro oscuro. No la cogió para beber; en vez de eso, se inclinó y, poniéndose la cara sobre el borde, estuvo así un momento. Luego, con ambas manos, agarro el jarro y sorbió. 

-Cualquier noche te vas a dormir con tu narizota dentro del jarro y te ahogarás- dijo Leo- “Eminente forastero ahogado en cerveza”. Sería una muerte muy graciosa. 

El chico de los periódicos trató de hacer una seña a Leo. Cuando el hombre no miraba volvió la cabeza e hizo un gesto con la boca preguntando sin hablar: ¿Borracho?. Pero Leo levantó las cejas y se volvió para poner dos trozos de tocino en la parrilla. El hombre apartó de él el jarro, se irguió y juntó sus manos sueltas y huesudas sobre el mostrador. Tenía la cara triste, mirando al chico. No pestañeaba; sólo, de vez en cuando, bajaba los ojos de color verde pálido. Estaba casi amaneciendo y el chico se cambió de hombro el peso del saco de periódicos. 

Estoy hablando de amor- dijo el hombre-. Para mí es una ciencia. 

El chico se empezó a escurrir del taburete. Peor el hombre levantó el índice y hubo algo que retuvo al chico, que no le dejó moverse. 

Hace doce años me casé con la mujer de la fotografía. Fue mi mujer durante un año, nueve meses, tres días y dos noches. La quería. Sí… – Aclaró su voz ronca y dijo de nuevo. _La quería y pensaba que ella también me quería a mí. Yo era maquinista de ferrocarriles. Ella tenía todas las comodidades y lujos en  caso. Nunca se me pasó por la cabeza que no estuviera satisfecha. Pero, ¿sabes lo que pasó?. 

-¡Hummm…!- dijo Leo. El hombre no quitaba los ojos de la cara del chico: Me dejó. Una noche, cuando volví, la casa estaba vacía y ella se había ido. Me dejó. ¿Con un fulano?- preguntó el chico-Suavemente, el hombre puso la palma de la mano sobre el mostrador.-Claro, naturalmente, hijo. Una mujer no se escapa de esa manera, sola.

El café estaba tranquilo; la lluvia, negra e interminable, en la calle. Leo aplastó el tocino que se estaba friendo en las púas de su gran tenedor.

-Así que llevas doce años persiguiendo a esa… ¡Asqueroso viejo verde!. El hombre miró a Leo por primera vez:

-Por favor, no seas grosero. Además, no te estoy hablando  a ti. –Se volvió al chico y le dijo en tono de confianza y secreto:-: No vamos a hacerle ningún caso, eh?.

El chico de los periódicos asintió, no muy convencido.

-Fue así-. Continuó el hombre-. Soy una persona que se impresiona mucho con las cosas, Durante toda mi vida, una cosa tras otra me han impresionado: la luz de la luna, las piernas de una chica bonita… Una cosa tras otra. Pero la cuestión es que, cuando había disfrutado de algo tenía una sensación extraña, como si estuviera dentro de mí andando suelta. Nada parecía llegar a terminarse ni a encajar con las otras cosas. ¿Mujeres?. Ya tuve mi ración de ellas. Es lo mismo. Después, vagando sueltas en mí. Yo era un hombre que no había amado nunca.

Cerró los párpados muy despacio y el gesto fue como la caída del telón cuando termina un acto en el teatro. Cuando habló de nuevo tenía la voz excitada y las palabras venían de prisa; los lóbulos de sus orejas grandes y sueltas parecían temblar.

-Luego encontré a esta mujer. Yo tenía cincuenta y uno años; ella siempre decía que tenía treinta. La encontré en una estación de servicio y nos casamos a los tres días. ¿Y sabes cómo nos fue?. No puedo ni decírtelo. Todo lo que siempre había sentido estaba reunido alrededor de esta mujer. Ya no había más cosas sueltas dentro de mí., todo estaba concluido en ella.

El hombre se calló de repente y se dio golpes en la nariz larga. Su voz se sumergió en un tono bajo, firme, de reproche.

No lo estoy explicando bien. Lo que pasó fue esto. Ahí estaban esos sentimientos hermosos y esos pequeños placeres sueltos, dentro de mí. Y esta mujer era para mi alma algo así como una cinta de montaje. Hacía pasar por ella esos poquitos de mí mismo y salía completo. ¿Me sigues ahora?. 

-¿Cómo se llamaba?-preguntó el chico.

Oh.- dijo él-. , la llamaba Dodo. Pero eso no tiene importancia.

¿Y trató usted de hacerla volver?.

El hombre no pareció oír.

-En esas circunstancias, ya te puedes imaginar cómo me quedé cuando me dejó.

Leo cogió el tocino de la parilla, y dobló dos tajadas dentro de un panecillo. Tenía una cara gris, con ojos hendidos, una nariz de pellizco salpicada de suaves sombras azules. Uno de los obreros textiles pidió más café y Leo se lo sirvió. Leo no dejaba que repitieran gratis. El obrero desayunaba allí todas las mañanas, pero cuanto más conocía Leo a sus clientes, más tacaño era con ellos. Royó su bocadillo como si se lo escatimara a sí mismo.

-¿y no la encontró usted nunca?.

El chico no sabía qué pensar del hombre, y su cara de niño parecía incierta, con una mezcla de curiosidad y duda. Era nuevo en el recorrido de los periódicos; todavía le parecía raro estar fuera por la ciudad en la madrugada negra y extraña.

-Sí- dijo el hombre, tomé algunas medidas para hacerla volver. Estuve por ahí tratando de localizarla. Fui a Tulsa, donde ella tenía parientes. Fui a Mobile. Fui a todas las ciudades que había mencionado alguna vez, buscando a todos los hombres que habían tenido alguna relación con ella. Tulsa, Atlanta, Chicago, Cheehaw, Memphis… Durante casi dos años corrí por todo el país tratando de encontrarla.

-Pero la pareja había desaparecido de la faz de la tierra- dijo Leo.

-No le escuches- dijo el hombre confidencialmente-. Y además olvida esos dos años. No son importantes. Lo que importa es que por el tercer año me empezó a pasar una cosa muy curiosa.

¿qué?- preguntó el chico.

El hombre se dobló e inclinó el jarro para beber un sorbo de cerveza. Pero mientras se agachaba sobre el jarro las aletas de la nariz le temblaron ligeramente; olfateó el olor rancio de la cerveza y no bebió.

-La verdad es que el amor es una cosa extraña. Al principio no pensaba más que en que volviera- Era una especie de manía. Luego, según pasaba el tiempo, trataba de recordarla, pero, ¿sabes qué ocurría?.

-No- dijo el chico.

-Cuando me tumbaba en la cama y trataba de pensar en ella, mi cabeza se quedaba en blanco. No podía verla, Y entonces sacaba sus fotografías y las miraba. Nada, no había nada que hacer. Era como si no la viera. ¿Puedes imaginarlo?.

-¡Eh, tío!- gritó Leo a través del mostrador-. ¿Puedes imaginarte la cabeza de este borracho en blanco?.

Despacio, como si espantara moscas, el hombre movió la mano. Tenía sus ojos verdes fijos y concentrados en la carita chupada del chico de los periódicos. 

-Pero un pedazo de cristal inesperado en la acera o una canción de cinco centavos en un gramófono automático, una sombra en una pared por la noche, y recordaba. A veces me ocurría por la calle y yo me echaba a llorar y me golpeaba la cabeza  contra un farol. ¿Me comprendes?.

-Un trozo de cristal…- dijo el chico.

-Cualquier cosa. Daba vueltas por ahí y no tenía poder sobre cómo y cuándo recordarla. Uno cree que se puede poner encima una especie de blindaje. Pero el recuerdo no viene al hombre así, de frente, viene por las esquinas, dando rodeos. Estaba a merced de todo lo que oía o veía. De repente, en vez de ser yo el que atravesaba el país para encontrarla, empezó ella a perseguirme en mi propia alma. Ella, persiguiéndome a mí, ¡fíjate!. Y en mi alma.

El chico preguntó finalmente:

-¿Por qué parte del país estaba usted entonces?.

-Huy- gruñó el hombre-. Era un pobre mortal enfermo. Era como la viruela. Te confieso, hijo, que me emborraché, forniqué, cometí cualquier pecado que de pronto me apeteciera. Me avergüenza confesártelo, pero así es. Cuando recuerdo esa temporada, está todo confuso en mi mente; fue terrible.

El hombre inclinó la cabeza y pegó la frente al mostrador. Durante unos segundos estuvo así, doblado, con la nuca nervuda cubierta de una pelambrera anaranjada y las manos, con sus largos dedos retorcidos, palma contra palma, en actitud de rezar. Luego el hombre se irguió; sonreía y de pronto su rostro fue un rostro radiante, trémulo y viejo.

-Pasó en el quinto año-dijo-. Y con él empezó mi ciencia.

La boca de Leo se movió con una mueca pálida y rápida:

-¡Vaya!, ninguno de nosotros se hace más joven-dijo. Luego, con furia repentina. Hizo una pelota con el paño de secar que tenía en la mano y lo tiró con fuerza al suelo-: ¡Vaya Romeo viejo con el rabo a rastras!.

-¿Qué pasó?- preguntó el chico.

La voz del viejo era alta y clara:

-Paz- contestó.

-¿Eh?.

-Es difícil explicarlo científicamente, hijo. Me figuro que la explicación lógica es que ella y yo nos habíamos perseguido tanto tiempo que al fin nos hicimos un lío, nos echamos atrás y lo dejamos. Paz. Un vacío extraño y hermoso. Era primavera en Portland y llovía todas las tardes.

Yo me quedaba allí, en mi cama, echado en la oscuridad. Y así me vino la sabiduría.

La luz del nuevo día teñía de azul pálido las ventanas del cafetín. Los dos soldados pagaron sus cervezas y abrieron la puerta; uno de ellos se peinó y sacudió sus polainas fangosas antes de salir. Los tres obreros se encorvaron en silencio sobre sus desayunos. El reloj de Leo sonó en la pared.

-Es esto. Escucha atentamente, Medité sobre el amor y saqué la conclusión. Me di cuenta de qué es lo que nos pasa. Los hombres se enamoran pro primera vez. Y, ¿de qué se enamoran?.

La tierna boca del niño estaba medio abierta y no contestó.

-De una mujer- dijo el viejo. Sin sabiduría, sin nada para poder ir por ahí, emprenden la experiencia más sagrada y peligrosa de este mundo. Se enamoran de una mujer. ¿Es esto, no, hijo?.

-Sí- dijo el chico desmayadamente.

-Empiezan por el revés del amor. Empiezan por el punto crítico. ¿te das cuenta de por qué es algo tan desgraciado?. ¿Sabes cómo deberían querer los hombres?.

El viejo largó la mano y agarró al chico por el cuello de la chaqueta de cuero. Le sacudió suavemente y sus ojos verdes miraron hacia abajo sin pestañear, graves.

-Hijo, ¿sabes cómo debería empezarse el amor?.

El chico seguía sentado, pequeño, callado, tranquilo. Poco a poco movió la cabeza. El viejo se acercó más y murmuró:

-Un árbol. Una roca. Una nube.

Todavía llovía fuera en la calle: una lluvia sin fin, suave y gris. La sirena de la fábrica sonó para el turno de las seis, y los tres obreros pagaron y se fueron. En el café no quedaban más que Leo, el viejo y el chico de los periódicos.

-El tiempo estaba así en Pórtland- dijo- en la época en que empezó mi sabiduría. Medité y empecé con precaución. Cogía cualquier cosa de la calle y me la llevaba a casa. Compré un pececillo dorado y me concentré en él y lo amé. Pasaba gradualmente de una cosa a la otra. Día a día iba adquiriendo esa técnica. En el camino de Pórtland a San Diego…

¡Oh, cierra el pico- aulló Leo de repente-. ¡Calla, calla!.

El viejo seguía agarrando la chaqueta del chico; temblaba y su rostro estaba muy serio, iluminado, salvaje.

-Ya hace seis años que voy por ahí solo haciéndome mi saber. Y ahora soy un maestro, hijo. Puedo amarlo todo. No tengo ya ni que pensar en ello. Veo una calle llena de gente y una luz hermosa dentro de mí. Miro a un pájaro en el cielo o me encuentro con un viajero en el camino. Cualquier cosa, hijo, o cualquier persona. ¡Todos desconocidos y todos amados!. ¿Te das cuenta de lo que puede significar una ciencia como la mía?.

El chico se sostenía, tieso con las manos curvadas agarrando fuertemente el borde del mostrador. Al fin, preguntó:

_¿Y encontró a aquella señora?.

-¿Qué?. ¿Qué dices, hijo?.

-Digo- preguntó tímidamente el chico-, ¿se ha vuelto a enamorar de alguna mujer?.

El hombre aflojó las manos del cuello del chico. Se volvió y por primera vez asomó a sus ojos verdes una mirada vaga y dispersa. Levantó el jarro del mostrador y bebió la cerveza dorada. Movía la cabeza despacio, de un lado a otro. Por fin, contestó:

-No hijo. Fíjate, ése es el último paso en mi ciencia. Voy con cuidado. Todavía no estoy preparado del todo.

- Bueno.- dijo Leo, bueno, bueno.

El viejo estaba de pie en el vano de la puerta abierta.

-Acuérdate- dijo. Allí, en medio de la húmeda luz gris de la madrugada parecía encogido, andrajoso y frágil.- Pero su sonrisa era luminosa-. Acuérdate de que te quiero-dijo, sacudiendo la cabeza por última vez. Y la puerta se cerró sin ruido detrás de él.

El chico no habló durante un buen rato. Se alisó el pelo sobre la frente, y pasó su dedito mugriento por el borde de la taza vacía. Después, sin mirar a Leo, preguntó:

-¿Estaba borracho?.

-No- dijo Leo brevemente.

El chico levantó aún más su voz clara:

-Entonces, ¿es un drogadicto?.

-No.

El chico miró a Leo, con una carita fea desesperada y su voz chillona y urgente:

-¿Está loco, pues?. ¿Crees que está chiflado?- La voz del chico de los periódicos bajó de pronto con una duda-: ¿Eh, Leo?. ¿O no?.

Pero Leo no le contestó. Hacía catorce años que tenía su café nocturno y se consideraba experto en locuras. Estaban los tipos de la ciudad y también los forasteros que llegaban como si vinieran del fondo de la noche. Conocía las manías de todos. Pero no quiso satisfacer la curiosidad del niño. Contrajo su cara pálida y siguió callado.

Así, el chico se bajó la orejera derecha del casco y, volviéndose para marcharse, hizo el único comentario que le parecía seguro, la única observación que no podía ser reída ni despreciada:

-Desde luego que ha hecho la mar de viajes.

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Fuente Original Post: McCullers, Carson. El Aliento del Cielo. Buenos Aires. Seix Barral. 2007.-

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Links Post:
(*): http://www.hoy.com.do/areito/2008/6/2/91993/APORTEEl-amor-en-narrativa-de-Carson-McCullers
http://estepais.com/inicio/historicos/216/19_cultura_cronicas_solos.pdf
http://www.carson-mccullers.com/html/hunter.html

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Otros Posts de Carson Mc Culleres en “La Audacia de Aquiles”:
♦ Carson Mc Cullers: “El Aliento del Cielo”: “La Balada del Café Triste”:
http://aquileana.wordpress.com/2008/12/20/carson-mc-cullers-el-aliento-del-cielo-la-balada-del-cafe-triste/
Carson Mc Cullers: “Reflejos en un Ojo Dorado”:
http://aquileana.wordpress.com/2008/10/29/carson-mc-cullers-reflejos-en-un-ojo-dorado/
Carson Mc Cullers: “El Corazón es un Cazador Solitario”:
http://aquileana.wordpress.com/2008/10/30/carson-mc-cullers-el-corazon-es-un-cazador-solitario/

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Ernest Hemingway: “Crítica Literaria”:

Ernest Hemingway. (1899/1961).-
Premio Nobel de Literatura 1954.-

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“Escribe frases breves. Comienza siempre con una oración corta. Utiliza un inglés vigoroso. Sé positivo, no negativo. La jerga que adoptes debe ser reciente, de lo contrario no sirve. Evita el uso de adjetivos, especialmente los extravagantes como: espléndido, grande, magnífico, suntuoso”.

“Un escritor, si sirve para algo, no describe. Inventa o construye a partir del conocimiento personal o impersonal.  Prosa es arquitectura, y no decoración interior, y la época del Barroco está acabada. Para un escritor, poner sus propios ensueños intelectuales, que hubiera podido vender a bajo precio en forma de ensayos, en boca de personajes artificialmente construidos, que son más renumerados cuando se los presenta como gentes verdaderas en una novela, es económicamente hábil, pero no es Literatura”.

“Cuando uno escribe con suficiente claridad, todo el mundo puede ver si es falso o no. Si se vale de retorcimientos engañosos para evitar una afirmación neta, lo que es muy distinto de violar las reglas de la sintaxis o de la gramática, para producir un efecto imposible de lograr de otro modo, hace falta más tiempo para descubrir el fraude de ese escritor, sin contar con que los demás escritores, sometidos  a la misma necesidad, harán su elogio para defenderse de sí mismos.”

“Nadie que tenga un cierto ingenio, que sienta y escriba con sinceridad acerca de las cosas que desea decir, puede escribir mal si se atiene a estas reglas: “Acción directa. Es mejor que aceptar las normas”…

 “Para escribir me retrotraigo a la antigua desolación del cuarto de hotel en el que empecé a escribir. Dile a todo el mundo que vives en un hotel y hospédate en otro. Cuando te localicen, múdate al campo. Cuando te localicen en el campo, múdate a otra parte. Trabaja todo el día hasta que estés tan agotado que todo el ejercicio que puedas enfrentar sea leer los diarios. Entonces come, juega tenis, nada, o realiza alguna labor que te atonte sólo para mantener tu intestino en movimiento, y al día siguiente vuelve a escribir”.

“A veces, cuando me resulta difícil escribir, leo mis propios libros para levantarme el ánimo, y después recuerdo que siempre me resultó difícil y a veces casi imposible escribirlos”.

“Si un escritor en prosa conoce lo suficientemente bien aquello sobre lo que escribe, puede silenciar cosas que conoce y el lector tendrá de esas cosas una impresión tan fuerte como si el escritor las hubiera expresado. La dignidad de movimientos de un iceberg se debe a que solamente un octavo de su masa aparece sobre el agua”. 

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Ernest Hemingway’s Nobel Prize Acceptance Speech:

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Dixit:  ”No writer who knows the great writers who did not receive the prize can accept it other than with humility.  There is no need to list these writers.  Everyone here may make his own list according to his knowledge and his conscience.  It would be impossible for me to ask the Ambassador of my country to read a speech in which a writer said all of the things which are in his heart. Things may not be immediately discernible in what a man writes, and in this sometimes he is fortunate; but eventually they are quite clear and by these and the degree of alchemy that he possesses he will endure or be forgotten. Writing, at its best, is a lonely life. Organizations for writers palliate the writer’s loneliness but I doubt if they improve his writing.  He grows in public stature as he sheds his loneliness and often his work deteriorates.  For he does his work alone and if he is a good enough writer he must face eternity, or the lack of it, each day. For a true writer each book should be a new beginning where he tries again for something that is beyond attainment.  He should always try for something that has never been done or that others have tried and failed.  Then sometimes, with great luck, he will succeed.     How simple the writing of literature would be if it were only necessary to write in another way what has been well written.  It is because we have had such great writers in the past that a writer is driven far out past where he can go, out to where no one can help him.  I have spoken too long for a writer.  A writer should write what he has to say and not speak it.  Again I thank you”.

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<<< Ernest Hemingway>>>:
Ernest Hemingway: “Fiesta”:
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Stevie Ray Vaughan: “Life Without You”:

Well now my baby…. Tell me how have you been
We all have missed you…. And the way you grin
The day is necessary…. Every now and then
For souls to move on…. Givin’ life back again, and again
Fly on fly on…. Fly on my friend
Go on…. Live again…. Love again

Day after day…. Night after night
Sittin’ here singin’ every minute…. As the years go passing by….by, by, by
Long look in the mirror….We’ve come face to face
Wishin’ all the love we took for granted…. Love we have today

Life without you…. All the love you passed my way
The angels have waited for so long…. Now they have their way
Take your place….
 

 

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Bonne Chance.-

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Gracias, Peter por recordarme el nombre de este tema de Vaughan

(Duda Recurrente Resuelta…) :)

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Publicidad & Caos:

“Red Bull” (Gives you Wings):

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Red Bull Energy Drink es una bebida carbonatada que contiene principalmente agua, azúcar (sacarina, glucosa), taurina, glucuronolactona, cafeína, así como diferentes vitaminas (niacina, ácido pantoténico, B6 y B12). Según el fabricante la bebida tiene un efecto revitalizador y desintoxicante así como propiedades que incrementan las capacidades físicas y potencia la velocidad mental. Se trata de una bebida funcional, no para quitar la sed, que ha sido pensada para su consumo en momentos de alta exigencia física y mental; como por ejemplo en autopistas muy largas que pueden inducir al sueño, en días de mucho trabajo, antes de practicar una actividad de mucho desgaste físico o antes de un examen. el contenido de cafeína de una lata de 250 ml corresponde a 80 miligramos o el correspondiente a una taza de café de filtrocafetera.Algunos expertos coinciden en afirmar que el mayor peligro del Red Bull reside en su mezcla con otras sustancias, y en especial, con el alcohol: la mezcla de estimulantes con depresores puede provocar ritmos cardíacos anormales.-

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johnnybravo3.gif (11074 bytes)

 

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Red Bull: Three Commercials:

1) Red Bull – Leonardo:

2) Red Bull – Superman:

3) Red Bull – Banned Chrismas Ad:

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Links Post:
http://www.scottyblog.com/?tag=red-bull
http://behance.vo.llnwd.net/profiles/83808/projects/139227/838081224691963.jpg
http://www.redbull.com/cs/Satellite/en_INT/Red-Bull.com/001242745950125
http://altmedicine.about.com/od/completeazindex/a/energy_drinks.htm

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Accidentado porvenir

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Un Actual Presagio del Pasado: “La Nostalgia”:

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Decía Kierkegaard que la vida sólo puede ser comprendida mirando hacia atrás, pero que hay que vivirla mirando hacia delante. Y seguramente es cierto, pero, con todo, yo sospecho que cada individuo orienta la suya según una de las tres grandes dimensiónes del tiempo, o que la vive con la vista puesta primordialmente en una de ellas: hay a quien nada le ocupa sino el presente; quien no piensa más que en futuro; y, finalmente, quien parece vivir mirando al pasado; un pasado del que se alimenta su presente y aun le determina en su proyección y previsión del futuro. Espinosa  define a la nostalgia  de la siguiente forma:«El anhelo es el deseo o apetito de poseer una cosa, que es fomentado con su recuerdo y, a la vez, es reprimido con el recuerdo de otras cosas que excluyen la existencia de la cosa apetecida» (Ethica, III. 32d).

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La tristeza se alimenta del presente; la nostalgia lo hace siempre del pasado. Y en cuanto a lo que diferencia a la nostalgia de la melancolía, todo depende de cómo se conciba la segunda. Si la melancolía se entiende como hipocondría, y esta, a su vez, como un temor excesivo e infundado a la enfermedad, tal como hace Kant, es claro que nada de eso tiene que ver con la nostalgia. Y lo mismo si la melancolía es trasladada a un ámbito estrictamente psiquiátrico, ya sea viéndola como un fenómeno asociado al duelo, como piensa Freud, que la considera como la reacción que sigue a la pérdida de un objeto amado, ya sea, como hacen Julia Kristeva y otros, entendiéndola del todo similar a la depresión, o como depresión sin más, evidentemente tampoco; tampoco nada de esto tiene que ver con la nostalgia. Porque del duelo se sale, más tarde o más pronto, pero de la nostalgia jamás; y jamás la nostalgia es una depresión y el nostálgico un deprimido.

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La melancolía es dolor permanente y generalizado, aunque suave, y es esa suavidad la que acaba por confundirse con una suerte de felicidad o placer. La nostalgia, en cambio, ni es sólo dolor ni es generalizada, porque sólo atiende al objeto del que es nostalgia, y sólo respecto a él muestra una permanencia fiel e inamovible. De manera que no estoy yo muy seguro de que la melancolía permita atender a otra cosa que no sea a sí misma, por lo que en consecuencia, tal vez esa fuerza creadora que los románticos le atribuyen sea a la nostalgia a quien propiamente pertenece, y sea a ella a la que, en el fondo, ellos mismos se están refiriendo, sin advertirlo, ciertamente.Una de las definiciones más aproximadas de lo que es se encuentra en la Proposición 36, Parte III de la Ethica de Espinosa:«Quien recuerda una cosa de la que gozó una vez, desea poseerla en las mismas circunstancias que cuando gozó de ella por primera vez». Pero sólo aproximada. Para ser completa habría que añadir que tal deseo resulta estéril e inútil por imposible. Las palabras de Espinosa, en efecto, no son incompatibles con la posibilidad de que haya una segunda vez, y nada nos dicen sobre ello. Pero es justamente esa segunda vez lo que le está vedado a la nostalgia. La nostalgia es engendrada por un pasado que se niega a serlo, como un espectro que se resistiese a abandonar definitivamente el mundo de los vivos.

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De ahí que la nostalgia no consista meramente en añorar, porque cabe añorar lo que en este momento no es, pero puede volver a ser, pero, ¿cómo añorar que lo definitivamente muerto vuelva a estar vivo? «Esta tristeza –dice Espinosa en el Escolio a la Proposición anterior–, en cuanto que se refiere a la ausencia de aquello que amamos, se llama añoranza».  Más acertado que Espinosa en apuntar los rasgos distintivos de la nostalgia se encuentra Descartes, y ello aunque con sus palabras sea también la añoranza lo que pretende definir: «La añoranza –escribe– es igualmente una especie de tristeza que tiene una particular amargura porque siempre va a acompañada por cierta desesperanza y por el recuerdo del placer gozado. En efecto, nunca añoramos más que los bienes de que hemos gozado y que están tan perdidos que no tenemos ninguna esperanza de volver a encontrarlos en el tiempo y de la manera en que los añoramos» [Tratado de las pasiones del alma, Art. 209]. Efectivamente, tal es la definición más certera de lo que es la nostalgia. Y si lo que dice Espinosa resulta insuficiente, porque la añoranza, tal como él la entiende, es compatible con la esperanza de poder volver a gozar de lo que ya se gozó, aunque ahora se halla ausente.  ↑ ↓.-

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Links  Post:
http://www.nodulo.org/ec/2010/n095p03.htm
http://www.flickr.com/photos/74959682@N00/

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Daily Non Sequitur ComicNon Sequitur. By Wiley Miller:

Non Sequitur Cartoon for 01/09/2010

- “La última, Joe… Me he prometido a mí misma que sólo me casaría con el hombre que pudiera completar correctamente esta sentencia: “El Hombre perfecto es…” - Un Oxímoron.- Bueno había escuchado que la comida aquí era buena , pero no “Tan Buena”.-

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Link http://www.arcamax.com/nonsequitur/s-674512-471912

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Vladimir Nabokov:

“La Palabra” (Cuento):

“Hay que desconfiar de las palabras”.-

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Barrido del valle de la noche por el genio de un viento onírico, me encontré al borde de un camino, bajo un cielo de oro puro y claro, en una tierra montañosa de extraordinaria naturaleza. Sin necesidad de mirar, sentía el brillo, los ángulos y las múltiples facetas de aquellos inmensos mosaicos que constituían las rocas, de los precipicios deslumbrantes, y el destello de innumerables lagos que me miraban como espejos en algún lugar abajo en el valle, tras de mí. Mi alma se vio embargada por un sentido de iridiscencia celestial, de libertad, de grandiosidad: supe que estaba en el Paraíso. Y sin embargo, dentro de esta mi alma terrenal, surgió un único pensamiento mortal como una llama que me traspasara -y con qué celo, con qué tristeza lo preservé del aura de aquella gigantesca belleza que me rodeaba-. Ese único pensamiento, esa llama desnuda de sufrimiento puro, no era sino el pensamiento de mi tierra mortal.

Descalzo y sin dinero, al borde de aquel camino de montaña, esperé a los amables y luminosos habitantes del cielo, mientras el viento, como la anticipación de un milagro, jugaba con mi pelo, llenaba las gargantas con un zumbido de cristal, y agitaba las sedas fabulosas de los árboles que florecían entre las rocas que bordeaban el camino. Largos filamentos de todo tipo de hierbas lamían los troncos de los árboles como si fueran lenguas de fuego; grandes flores se rompían abiertas en las ramas brillantes y, como copas volantes que rezumaran luz del sol, planeaban por el aire, exhalando en sus jadeos unos pétalos convexos y translúcidos. Su aroma dulce y húmedo me recordaba todas las cosas maravillosas que había experimentado a lo largo de mi vida. De repente, cuando me encontraba cegado y sin aliento ante aquel resplandor, el camino se llenó de una tempestad de alas. Escapándose de las cegadoras profundidades llegaron en enjambre los ángeles que yo estaba esperando, con sus alas recogidas apuntando a las alturas. Se movían con pasos etéreos; eran como nubes de colores en movimiento, y sus rostros transparentes permanecían inmóviles a excepción de un leve temblor extasiado en sus pestañas radiantes.

Unos pájaros turquesa volaban entre ellos con risas felices como de adolescentes, y unos animales color naranja deambulaban ágiles, en una fantasía de manchas negras. Las criaturas se enrollaban como ovillos en el aire, estirando sus piernas de satén en silencio para atrapar las flores volantes que circulaban y se elevaban, apretándose ante mí con ojos brillantes. ¡Alas! ¡Más alas! ¡Por todas partes, alas! ¿Cómo describir sus circunvoluciones y colores? Eran suaves y también poderosas ¿ leonadas, violetas, azul profundo, negro aterciopelado, con un polvillo arrebolado en las puntas redondeadas de las plumas curvas. Eran como nubes escarpadas fijas en la espalda luminosa de los ángeles, suspendidas en arrogante equilibrio; de tanto en tanto, un ángel, en una especie de trance maravilloso, como si le fuera imposible contener por más tiempo su felicidad, en un efímero segundo, abría sin previo aviso esa su belleza alada y era como un estallido de sol, como una burbuja de millones de ojos. Pasaban en enjambres, mirando al cielo. Sus ojos eran simas jubilosas, y en sus miradas acerté a ver el vértigo del vuelo. Se acercaban con pasos deslizantes, bajo una lluvia de flores. Las flores derramaban su brillo húmedo en el vuelo; los esbeltos y elegantes animales jugaban, sin dejar de ascender en remolinos; los pájaros tañían de felicidad, remontando el vuelo para luego caer en picado. Y yo, un mendigo cegado y azogado, seguía parado al borde del camino, con un mismo y único pensamiento .-

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 Vladimir Vladimirovich Nabokov (1899/ 1977).- 

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A Propósito de “La Palabra”:

Pink Floyd: “Lost for Words”:

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Vladimir Nabokov:
Literatura: Nina Berberova: “Nabokov y su Lolita”:
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Joker del Post: Ovidio Dixit:

“Leve fit, quod bene fertur, onus” / “Se hace leve la carga que se sabe soportar” .

(Ovidio. Los Amores. Libro I).-

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http://www.revistaenie.clarin.com/notas/2009/11/03/_-02032806.htm
http://www.revistaenie.clarin.com/notas/2010/01/04/_-02113127.htm
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