Bernhard Schlink: “El Lector”:

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Reseña y Detalles del Argumento:

”Pero el que huye no sólo se marcha de un lugar, sino que llega a otro. Y el pasado al que llegué era tan vívido como el presente”.
“Los estratos de nuestra vida reposan tan juntos los unos sobre los otros que en lo actual siempre advertimos la presencia de lo antiguo, y no como algo desechado y acabado, sino presente y vívido. Quizás sí escribí la historia para liberarme aunque sé que no puedo”…
(Ibd. Schlink, Bernhard. “El Lector”).-
La novela de Bernhard Schlink, “El Lector” es una confesión, una historia personal contada después de varios años por Michael Berg, abogado, especializado en Historia del Derecho de Alemania. Berg nos cuenta al pasar rememorando las semblanzas de su juventud, sobre sus primeros amores. Es entonces cuando aparece Hanna Schmitz, una revisora de tranvía mayor que él de la que se enamora. La relación se mantiene con una condición: para continuar viéndola, él debe leerle fragmentos de obras literarias antes de cada encuentro amoroso. Así transcurre su adolescencia, hasta que un día ella desaparece.

La profesión de Historiador del Derecho del protagonista lo llevará a frecuentar a un grupo de revisionistas de la historia de la alemania nazi, poniéndolo una vez más frente al amor Hanna, aunque ahora en un contexto mucho más lúgubre que en el de aquellos tiempos de juveniles amores, estando acusada Hanna en los Tribunales por su activo pasado nazi. Debido a la manera contradictoria de defenderse ante el magistrado, Michael llega al convencimiento de que Hanna es analfabeta, y la vergüenza le impide confesarlo, dejando que el proceso continúe su curso hasta recibir la temible sentencia: cadena perpetua. Tampoco Michael interviene contándole al juez lo que ha descubierto, y guarda ese silencio letal que poco a poco va generando en quien esconde una verdad, el llamado sentimiento de la culpa. Mientras Hanna padece su condena recluida en la cárcel, Michael comienza a enviarle cintas con grabaciones de lecturas hechas expresamente para ella, reviviendo así esa experiencia de los primeros años y a propósito de su analfabetismo. Pero jamás le habla en ellos algo personal. Tampoco la visitará en su reclusión. Mantiene el riguroso silencio de la cobardía inexplicable, sin poder expresar sus sentimientos frente a la mujer amada. El fracaso matrimonial de Michael con Gerturd puede entenderse tal vez como una consecuencia de su prematura relación amorosa con Hanna, a quien nunca pudo olvidar, pero tampoco tendrá el valor de asumir como su verdadero amor cuando Hanna está pronta a recuperar su libertad. La noche anterior a ello, inesperadamente Hanna se suicida.
En “El Lector”, la vida de Berg es un pretexto, nada más. La historia de la novela de Bernhard Schlink (quien es juez actualmente en Alemania) es, además, pero sobretodo, la de toda una generación en esta Alemania de Post-Guerra. Y en este sentido, el papel de Hanna será crucial, proque al margen de sus culpas, después de los crímenes que ella hubo perpetrado en las filas de la SS, tras el crimen sobreviene el castigo; y finalmente la expiación. Berg en cierta medida intuye la secuencia, y en un momento dado se pregunta a sí mismo: “¿Cómo podría ser algo que me reconfortara que mi amor por Hanna fuera, de alguna manera, el Destino de mi Generación al que yo había sabido esconder entre los Otros?. En esta relación insólita –individual a primera vista- se palpa y se respira algo peor: el drama colectivo del pueblo alemán de posguerra.

Bernhard Schlink (1944).-
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Notas:
El libro “El Lector” (“Der Vorleser”) de Bernhard Schlink fue publicado en 1995: con rápida y favorable acogida de la crítica y del público, se convirtió en un éxito de ventas en Alemania y fue traducido a 39 idiomas. La primera edición española apareció en el año 1997. Ganó el premio Hans Fallada, el premio Welt, el premio italiano Grinzane Cavour, el premio francés Laure Bataillon y el premio Ehrengabe de la Dusseldorf Heinrich Heine Society.
En 2008 se estrenó la película “The Reader” (Alemania/Estados Unidos), basada en la novela homónima de Schlink, con guión conjunto del propio Bernhard Schlink y de David Dare. La dirección es de Stephen Daldry (“Billy Elliot”, ”The Hours”). La película está interpretada por Kate Winslet, Ralph Fiennes, Bruno Ganz y David Kross.
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Frases de “El Lector”:
“Ésas eran mis cavilaciones; convertí mi deseo en factor de un extraño cálculo moral y así acallé mi mala conciencia. Reconozco el mismo esquema por medio del cual el pensamiento y la acción se han juntado o han divergido durante toda mi vida”…
“No quiero decir que el pensamiento y la decisión no influyan para nada en la acción. Pero la acción no se limita a llevar a cabo lo que he pensado y decidido previamente. Surge de una fuente propia, y es tan independiente como lo es mi pensamiento y lo son mis decisiones… Acabé dejando de hablar. Lo que cuenta no son las palabras, sino los hechos; así que, bien mirado, ¿para qué hablar?”.
“A veces un final doloroso hace que un recuerdo traicione la verdad pasada. A lo mejor es que la única felicidad verdadera es la que dura siempre. Porque sólo puede tener un final doloroso lo que ya es doloroso de por sí, aunque no fuéramos conscientes de ello, aunque lo ignorásemos. Pero, un dolor inconsciente e ignorado, ¿es doloroso?”…
“La mirada de Hanna lo registraba todo. Paseaba la mirada por las estanterías de libros que colmaban las paredes. Luego pasó lentamente el dedo índice de la mano derecha, a la altura de su pecho, por los lomos de los libros, pasó a la estantería siguiente, pasó el dedo otra vez, lomo tras lomo, y así recorrió toda la habitación. Al llegar a la ventana se detuvo y se quedó contemplando la oscuridad, el reflejo de las estanterías y su propia imagen reflejada en el cristal… Es una de las imágenes que me han quedado de Hanna. Las tengo guardadas, puedo proyectarlas en una pantalla y contemplarlas, siempre invariables, sin señal de desgaste”.
“En el breve instante en que aparté la vista; Hanna se fue… Después de marcharse Hanna de la ciudad, estuve un tiempo buscándola por todas partes, hasta que me acostumbré a que las tardes carecieran de forma, y hasta que pude ver un libro y abrirlo sin preguntarme si sería una buena lectura para Hanna”…
A Propósito de dos frases de “El Lector”:Una Lectura a la Luz de la Teoría Crítica: “La Razón de la Sinrazón”:
¹ “El analfabetismo es una especie de Minoría de Edad Eterna. Al tener el coraje de aprender a leer y escribir, Hanna había dado el paso que llevaba de la Minoría a la Mayoría de Edad, un paso hacia la Conciencia”. (Dialectica Iluminismo, Adorno).
² “Decidí irme de viaje. Si hubiera podido hacer las maletas y plantarme en Auschwitz sin más, lo habría hecho. Pero, para conseguir un visado había que esperar semanas. Así que me dirigí a Struthof, en Alsacia… Era el campo de concentración más cercano. Nunca había visto uno. Quería deshacerme de los tópicos con ayuda de la realidad”…
“De la Ilustración a Auschwitz”:

Auschwitz, convertido en símbolo de la persecución nazi, representó un giro muy significativo en el pensamiento de Adorno y Horkheimer, precisamente por ser una negación histórica y social del proyecto de Teoría Crítica y de toda la Ilustración. Auschwitz viene a ser la sentencia de muerte de la capacidad crítica y reflexiva que los frankfurtianos asociaban a su teoría. Mientras la Teoría Crítica investigaba aquellos procesos sociales que perpetuaban el horror y la explotación, estos mecanismos sociales iban en ascenso. Auschwitz representa la culminación de la opresión racionalmente calculada. La tragedia de Auschwitz no radica solamente en lo que allí ocurrió, sino en que todo aquello estaba completamente planificado y calculado.
Dicho en las palabras de Horkheimer:
“Al abandonar su autonomía, la razón se ha convertido en instrumento… Su valor operativo, el papel que desempeña en el dominio sobre los hombres y la naturaleza, ha sido convertido en criterio exclusivo… Las nociones se han convertido en medios racionalizados, que no ofrecen resistencia, que ahorran trabajo. Es como si el pensar se hubiese reducido al nivel de los procesos industriales sometiéndose a un plan exacto; dicho brevemente, como si se hubiese convertido en un componente fijo de la producción”. (Max Horkheimer. Crítica de la Razón Instrumental).
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“Hoy en día hay tantos libros y películas sobre el tema, que en el mundo de los campos de exterminio forma parte ya del Imaginario Colectivo que complementa al Mundo Real. Nuestra fantasía está acostumbrada a internarse en él. Pero por aquel entonces la fantasía apena se movía; teníamos la sensación de que la conmoción que habían producido el mundo los campos de exterminio no era compatible con la fantasía. La imaginación se limitaba a contemplar una y otra vez las pocas imágenes que le habían proporcionado las fotografías de los Aliados y los relatos de los prisioneros, hasta que se convirtieron en tópicos fosilizados”…
“El Seminario empezó en invierno, y el proceso en la primavera siguiente… La palabra clave era Revisión del Pasado. Teníamos claro que hacían falta condenas y en nuestro proceso de revisión y esclarecimiento queríamos condenar a la vergüenza eterna a aquella generación. Nuestros padres habían desempeñado papeles muy diversos durante el Tercer Reich. Algunos habían estado en la guerra, entre ellos dos o tres oficiales de la Wermacht y uno de la SS… Todos nosotros condenamos a la vergüenza eterna a nuestros padres, aunque sólo pudiéramos acusarlos de haber consentido la compañía de los asesinos después de 1945… Señalar a otros con el dedo no nos eximía de nuestra vergüenza. Pero sí la hacía más soportable, ya que permitía transformar el sufrimiento pasivo en descargas de energía, acción y agresividad. Y el enfrentamiento con la generación de los culpables estaba preñado de energía”…
“Sin embargo, yo no podía señalar con el dedo a nadie,todas las culpas que se les pudiera achacar a los demás personas de mi entorno social no eran nada comparadas con las de Hanna… Era a ella a quien tenía que señalar con el dedo. Pero, al hacerlo, el dedo acusador se volvía contra mí. Yo la había querido. No sólo la había querido sino que la había escogido”.
“Al salir del Tribunal me sentía invadido por un ansia, nueva para mí, de disfrutar los colores y los aromas de la naturaleza. El Heiligenberg, la Michaelsbasilika, la Bismarkturm, el Philosophenweg, las orillas del río: cada domingo hacía el mismo recorrido, con mínimas variaciones. No me resultaba monótono: me bastaba con ver la llanura del Rin unas veces enturbiada por el calor, otras velada por las cortinas de lluvia, y otras coronada por nubes de tormenta”…
“A preguntas del presidente, Hanna confirmó con monosílabos que había prestado servicios hasta la primavera de 1944 en Auschwitz y hasta el invienro siguiente en un campo más pequeño, cerca de Cracovia… El tribunal dictó sentencia a finales de julio. A Hanna la condenaron a cadena perpetua”.
“Quería comprender y al mismo tiempo condenar el crimen de Hanna. Pero su crimen era demasiado terrible. Quería tener sitio en mi interior para ambas cosas: la comprensión y la condena. Pero las dos cosas al mismo tiempo no podían ser”…
“Tampoco los verdugos odian a los condenados a muerte y sin embargo, los ejecutan… No estoy hablando de la obediencia debida. El verdugo no obedece órdenes, simplemente hace su trabajo; no odia a las personas a las que ejecuta. Le son completamente indiferentes. Tan indiferentes, que le da los mismoo matarlas o no matarlas”…
”Al lavarlas, las manos ocultan… Pero en realidad, lo único que hace el jabón es tapar los olores, que al cabo de un rato vuelven a estar ahí, atenuados y fundidos en un único olor”…
“Al final llegó la concesión del indulto y la libertad de Hannah, y la Directora de la Prisión me llamó por teléfono. ¿Podía ir ya?. Hanna iba a salir en una semana… Hanna estaba muerta. Se había ahorcado al amanecer”.
“Puede ser que, cuando se pasa por una fase tan larga de aislamiento, la idea de volver al mundo resulte insoportable?. quizás sea mejor matarse que cambiar el convento y la ermita por el mundo”…
”Envié el dinero de Hanna, a su nombre, a la Jewish League Against Illiteracy. Recibí una breve carta en la que la Jewish League Against Illiteracy agradecía el donativo. Con la carta en el bolsillo me fui al cementerio, a la tumba de Hanna. Fue la primera y la única vez que estuve en su tumba”…
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Fuente Original Post:
Schlink, Bernhard. "El Lector" ("Der Vorleser"). Barcelona. Anagrama. 1999.-
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