Albert Camus:
“El Verano”: “Los Almendros”:

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“¿Sabe usted?”, decía Napoleón a Fontanés, “lo que más me admira de este mundo?. La importancia de la fuerza para fundar algo. No existen en este mundo más que dos potencias: el sable y el espíritu. A la larga el sable siempre queda vencido por el espíritu”.
Mas hoy las cosas han cambiado… El espíritu perdió aquella garantía real que un conquistador hubo de reconocerle; ahora se agota maldiciendo la fuerza en su imposibilidad de dominarla…
Algunas buenas gentes dicen que esto es un mal. Nosotros no sabemos si lo es; pero sí sabemos que existe. Es menester componérselas; tal es la conclusión que aquí se impone: Para ello basta conocer lo que queremos. Y lo que queremos es precisamente no inclinarnos nunca ante el sable ni dar jamás razón a la fuerza que no esté al servicio del espíritu.
Verdad es que se trata de una obra sin término. Pero aquí estamos nosotros para continuarla. No creo suficientemente en la razón para adherirme a la idea de progreso, ni tampoco en ninguna filosofía de la historia, pero al menos creo que los hombres nunca dejaron de avanzar en el proceso de adquirir conciencia de su destino.
No hemos superado aún nuestra condición y, sin embargo, cada vez la conocemos mejor. Sabemos que nos hallamos en una situación contradictoria, pero también que tenemos que rechazar la contradicción y hacer todo lo que sea preciso para reducirla. Nuestro cometido de hombres estriba en hallar aquellas fórmulas capaces de apaciguar la angustia infinita de las almas libres. Tenemos que volver a coser aquello que se ha desgarrado, hacer nuevamente concebible la justicia en un mundo tan evidentemente injusto, hacer que vuelva a adquirir significación la felicidad para los pueblos envenenados por la infelicidad del siglo. Por cierto que se trata de un cometido sobrehumano. Pero el caso es que se llaman sobrehumanas aquellas tareas que los hombres cumplen en muy largo tiempo; he aquí todo.
Conozcamos, pues, bien lo que queremos; afirmémonos en el espíritu aun cuando la fuerza para seducirnos asuma la forma de una idea o de un consuelo. Lo principal consiste en no desesperar. No prestemos demasiado oído a quines proclaman el fin del mundo civilizado. Las civilizaciones no mueren tan fácilmente y aun cuando este mundo tuviera que desplomarse, ello acontecería después de que otros mundos se hubiesen hundido. Verdad es que nos encontramos en una época trágica. Pero es asimismo cierto que demasiadas gentes confunden lo trágico con lo desesperado. “Lo trágico”, decía Lawrence, “debería ser como un gran puntapié aplicado a la desgracia”. He aquí un pensamiento sano y de aplicación inmediata. Existen hoy muchas cosas que merecen tal puntapié.
Este mundo está envenenado de desgracias en las que parece complacerse. Está enteramente librado a ese mal que Nietzsche llamaba espíritu de torpeza. No colaboremos con nuestra ayuda. Es vano llorar por el espíritu; basta con trabajar por él. Pero, ¿dónde están las virtudes conquistadoras del espíritu?. El propio Nietzsche las ha enumerado y caracterizado como enemigos mortales del espíritu de torpeza, Para él son la firmeza de carácter, el gusto, el “mundo”, la clásica felicidad, la dura altivez, la fría frugalidad del sabio. Hoy más que nunca son necesarias estas virtudes y cada cual puede escoger aquella que más le convenga a su naturaleza. Frente a la enormidad de la partida en que nos hallamos empeñados no olvidemos en todo caso la firmeza de carácter. No me refiero a aquélla que en los estrados electorales acompaña el fruncimiento de cejas y a las amenazas, sino a aquella que resiste a todos los vientos del mar en virtud de su blancura y de su savia. Ella es la que en el invierno del mundo prepara el fruto”.
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Albert Camus (1913 /1960).
Premio Nobel de Literatura 1957.-
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Fuente Original Post:
Camus, Albert. “El Verano”/ “Bodas”. Buenos Aires. Sur (Índice). 1970. -
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Uno de los libros que más me ha gustado:
http://larraz.wordpress.com/2008/12/29/lete/
A la brevedad te visito…
Saludos, Larraz; Aquileana
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