Derecho Penal: “Detrás de las Paredes”:

El carácter selectivo del sistema carcelario en Argentina llena las cárceles de pobres mientras evita deliberadamente perseguir al llamado “delito de cuello blanco” y deja prescribir las causas por grandes estafas y corrupción institucional. Como consecuencia del modelo neoliberal instalado desde hace unos años, con sus secuelas de incremento notable de la desocupación, precarización del empleo formal, enormes dificultades de acceso a la vivienda, a la educación y a la asistencia de la salud para amplios sectores de la población, se ha instalado también un nuevo paradigma penal. Se abandonó el modelo de seguridad que se correspondía con las políticas sociales del Estado de Bienestar hacia un modelo de la “inseguridad”, producto de la desintegración y la exclusión social. Como parte de la trama, los discursos institucionales como los de los medios de comunicación producen las condiciones para la segregación y la reclusión apelando a la supuesta inseguridad o el desorden en el espacio público que legitiman los pedidos de la “mano dura”, la necesidad de mayor presencia policial en las calles, el aumento de la reclusión y el agravamiento de las penas. Las coberturas periodísticas suelen apelar a discursos o formatos restrictivos que se ligan con ideologías vinculadas con posturas xenófobas, racistas, sexistas, homofóbicas y travestofóbicas cuando abordan problemas relacionados con la pobreza y la marginalidad.

De esta manera amplían la visibilidad de los grupos estigmatizados y los sectores excluidos a través de la construcción de perfiles que los señalan como “problemáticos”, “amenazantes” o “peligrosos”, reduciendo sus características a unos pocos rasgos que se les atribuyen. Simultáneamente, criminalizan sus prácticas y modos de subsistencia mientras ocultan las situaciones de violencia, explotación y persecución que viven a diario. Podemos citar en este sentido la proliferación de información y relatos que exhiben la transgresión de la ley o la criminalidad como parte de la cotidianidad de las clases populares, en especial cuando se trata de jóvenes pobres. Esta exposición contrasta con la poca atención que se les presta a los casos de maltrato, tortura y asesinato perpetrados por las fuerzas de seguridad y la violencia económica encarnada en el desempleo, el trabajo esclavo, el proxenetismo y la trata de personas. Por lo tanto, el uso de términos abiertamente discriminatorios o la estigmatización a través de gramáticas que sostienen estigmas o prejuicios a partir de la naturalización de enunciados que se apoyan en el sentido común habilitan la desigualdad por exclusión y represión.

Desde esta perspectiva, la discriminación y la represión conforman marcos de referencia que convierten en naturales prejuicios que operan como explicación de los conflictos sociales al tiempo que regulan la relación entre democracia y capitalismo. Enunciados del tipo “pobres hubo siempre”, “los inmigrantes vienen al país a quitarnos el trabajo” o “una vez que alguien delinque y va a la cárcel es irrecuperable” adquieren un carácter explicativo tanto de experiencias individuales (pobreza, desempleo, cárcel) como de relaciones sociales. Pero a su vez son esas experiencias las que de alguna manera politizan las condiciones históricas en que se formulan los enunciados excluyentes que vinculan desigualdad con diferencia en la producción de acciones colectivas y propuestas de cambio. Una vez más es preciso tener en vista que el delito no constituye una enfermedad per se, por lo que no hay algo a lo que se pueda llamar tratamiento. Sin embargo, se habla de un tratamiento del detenido. La falta de medidas de ayuda real a quien delinque y su reemplazo por el simple encarcelamiento hace que numerosos internos queden cautivos del círculo delito-cárcel-delito-cárcel. Tal como está planteado en este momento, el sistema tampoco ofrece ayuda concreta alguna al liberado. Su esperanza de lograr incorporarse a la sociedad es mínima y dependerá, de manera fundamental, de su capacidad de haber generado la suficiente Resiliencia o Resistencia interna, que le permita Recuperarse, Revalorizar su persona y mantenerse en equilibrio frente a un entorno externo, por lo menos agresivo, sino directamente hostil.

El fuerte impacto de ser encarcelado, semejante a sentirse solo en un agujero, siembra la duda sobre uno mismo. Una vez de pasar por el banquillo de los acusados, el condenado será el ejemplo a no seguir. Inevitablemente se produce –en mayor o menor medida– una vergüenza que va unida a la necesidad de eliminar algo de uno mismo; una autodiscriminación que mina el sentimiento del yo. La adaptación a la nueva situación extrema se produce mediante una rutina acentuada que se mantiene próxima a los requisitos para la supervivencia y que lleva consigo un camino de desviación a través de la regresión.
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Poema: “Las Cárceles”:
(Miguel Hernández)
I
Las cárceles se arrastran por la humedad del mundo,
van por la tenebrosa vía de los juzgados;
buscan a un hombre, buscan a un pueblo, lo persiguen,
lo absorben, se lo tragan.
No se ve, que se escucha la pena de metal,
el sollozo del hierro que atropellan y escupen:
el llanto de la espada puesta sobre los jueces
de cemento fangoso.
Allí, abajo la cárcel, la fábrica del llanto,
el telar de la lágrima que no ha de ser estéril,
el casco de los odios y de las esperanzas,
fabrican, tejen, hunden.
Cuando están las perdices más roncas y acopladas,
y el azul amoroso de fuerzas expansivas,
un hombre hace memoria de la luz, de la tierra,
húmedamente negro.
Se da contra las piedras la libertad, el día,
el paso galopante de un hombre, la cabeza,
la boca con espuma, con decisión de espuma,
la libertad , un hombre.
Un hombre que cosecha y arroja todo el viento
desde su corazón donde crece un plumaje:
un hombre que es el mismo dentro de cada frío,
de cada calabozo.
Un hombre que ha soñado con las aguas del mar,
y destroza sus alas como un rayo amarrado,
y estremece las rejas, y se clava los dientes
en los dientes del trueno.
II
Aquí no se pelea por un buey desmayado,
sino por un caballo que ve pudrir sus crines,
y siente sus galopes debajo de los cascos
pudrirse airadamente.
Limpiad el salivazo que lleva en la mejilla,
y desencadenad el corazón del mundo,
y detened las cárceles de las voraces cárceles
donde el sol retrocede.
La libertad se pudre desplumada en la lengua
de quienes son sus siervos más que sus poseedores.
Romped esas cadenas, y las otras que escucho
detrás de esos esclavos.
Esos que sólo buscan abandonar su cárcel,
su rincón, su cadena, no la de los demás,
Y en cuanto lo consiguen, descienden pluma a pluma,
enmohecen, se arrastran.
Son los encadenados por siempre desde siempre.
Ser libre es una cosa que sólo un hombre sabe:
Sólo el hombre que advierto dentro de esa mazmorra
como si yo estuviera.
Cierra las puertas, echa la aldaba, carcelero.
Ata duro a ese hombre: no le atarás el alma.
Son muchas llaves, muchos cerrojos, injusticias:
no le atarás el alma.
Cadenas, sí: cadenas de sangre necesita.
Hierros venosos, cálidos, sanguíneos eslabones,
nudos que no rechacen a los nudos siguientes
humanamente atados.
Un hombre aguarda dentro de un pozo sin remedio,
tenso, conmocionado, con la oreja aplicada.
Porque un pueblo a gritado ¡libertad!, vuela el cielo.
Y las cárceles vuelan.
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Miguel Hernández Gilabert (1910/1942).-
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Link Post:
http://www.uba.ar/homepage.php
http://www.sosperiodista.com.ar/Cordoba/El-Sida-se-amplifica-5-veces-en-las-carceles
http://javi-pirate.spaces.live.com/blog/cns!F5EE3A49EB21FE51!119.entry
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Magnífico post querida Amalia, la reinserción social del penado es teórica, pues como dices, la cárcel no es más que un pudridero, en España pasa igual, el juez sigue la ley pero no imparte justicia, y además es que no puede hacer otra cosa.
De todos modos tenemos que darnos por contentos…que en USA tienen la pena de muerte,
Grandioso el poema de Miguel Hernández, podrido en la cárcel porque no le dieron a tiempo cuidados médicos.
Otro abrazo
k
K;
Gracias por tus reflexiones: sí bueno el sistema penal desliza falencias bastante similares en todas partes del mundo, será una manera de impartir una “pseudo justicia retributiva” cada vez menos favorable al imputado/procesado/penado…
Un abrazo, gracias por volver
Aquileana