Max Scheler: “El Puesto del Hombre en el Cosmos III”:
“Para La Metafísica del Hombre”: “Metafísica y Religión:”
La esfera de un Ser Absoluto pertenece a la esencia del Hombre tan constitutivamente como la conciencia de sí mismo y la conciencia del mundo, prescindiendo de que esta esfera sea accesible o no a la vivencia o al conocimiento. Lo dicho por H. de Humboldt acerca del Lenguaje (“Que el Hombre no pudo inventarlo”, porque el Hombre sólo es mediante el lenguaje”), es aplicable, con el mismo rigor, a la esfera ontológica formal de un Ser cuya santidad impone veneración, cuya autonomía es Absoluta y cuyo rango es superior a todos los objetos finitos de la experiencia y al ser central del Hombre mismo. Si se entiende por las palabras: “Origen de la Religión y de la Metafísica”, no sólo el acto de llenar esta esfera con determinadas hipótesis y creencias, sino el origen de la esfera misma, este origen coinide con el advenimiento del Hombre. La conciencia del Mundo, la conciencia de Sí mismo y la conciencia de Dios forman una indestructible unidad estructural… Para nosotros, la relación del Hombre con el principio del universo consiste en que este principio se aprehende inmediatamente y se realiza en el Hombre mismo, el cual, como ser vivo, y ser espiritual, es sólo un centro parcial de impulso y del espíritu del “ser existente por sí”. Es la vieja idea de Spinoza, y de Hegel: “El Ser Primordial adquiere conciencia de Sí mismo en el Hombre, en el mismo acto en que el hombre se contempla fundado en Él”. Sólo hemos de reformar en parte esta idea, defendida hasta ahora de una manera excesivamente intelectualista; este saberse fundado es sólo una consecuencia de la activa decisión tomada por el centro de nuestro ser de elaborar en pro de la exigencia ideal de la Deitas, es una consecuencia del intento de llevarla a cabo, y, al llevarla a cabo, de contribuir a engendrar el Dios, que se está haciendo desde el primer principio de las cosas y es la compenetración creciente del impuslo con el espítitu. El lugar de la autorrealización; o, mejor dicho, de esta de autodivinización, que busca el ser existente por sí y cuyo precio es la historia del mundo, es, por tanto, el hombre, el yo y el corazón humanos. Ellos son el único lugar de advenimiento de Dios que nos es accesible.
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Max Scheler (1874/1928).-________________________________________________________________________________
Fuente Post: Scheler, Max. El Puesto del Hombre en el Cosmos. Buenos Aires. Losada. 1960.-
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