Italo Calvino: “¿Por qué leer a los Clásicos?”.-

Empecemos proponiendo algunas definiciones.
> Los clásicos son esos libros de los cuales se suele oír decir: «Estoy releyendo…» y nunca «Estoy leyendo …».
>Se llama clásicos a los libros que constituyen una riqueza para quien los ha leído y amado, pero que constituyen una riqueza no menor para quien se reserva la suerte de leerlos por primera vez en las mejores condiciones para saborearlos.
En realidad, las lecturas de juventud pueden ser poco provechosas por impaciencia, distracción, inexperiencia en cuanto a las instrucciones de uso, inexperiencia de la vida. Pueden ser (tal vez al mismo tiempo) formativas en el sentido de que dan una forma a la experiencia futura, proporcionando modelos, contenidos, términos de comparación, esquemas de clasificación, escalas de valores, paradigmas de belleza: cosas todas ellas que siguen actuando, aunque del libro leído en la juventud poco o nada se recuerde. Al releerlo en la edad madura, sucede que vuelven a encontrarse esas constantes que ahora forman parte de nuestros mecanismos internos y cuyo origen habíamos olvidado. Hay en la obra una fuerza especial que consigue hacerse olvidar como tal, pero que deja su simiente. La definición que podemos dar será entonces:
>Los clásicos son libros que ejercen una influencia particular ya sea cuando se imponen por inolvidables, ya sea cuando se esconden en los pliegues de la memoria mimetizándose con el inconsciente colectivo o individual.
Por lo tanto, que se use el verbo «leer» o el verbo «releer» no tiene mucha importancia. En realidad podríamos decir:
>Toda relectura de un clásico es una lectura de descubrimiento como la primera.
>Toda lectura de un clásico es en realidad una relectura.
La definición puede considerarse corolario de ésta:
> Un clásico es un libro que nunca termina de decir lo que tiene que decir.
Mientras, que la última definición remite a una formulación más explicativa, como:
>Los clásicos son esos libros que nos llegan trayendo impresa la huella de las lecturas que han precedido a la nuestra, y tras de sí la huella que han dejado en la cultura o en las culturas que han atravesado (o más sencillamente, en el lenguaje o en las costumbres). Esto vale tanto para los clásicos antiguos como para los modernos.
>Los clásicos son libros que cuanto más cree uno conocerlos de oídas, tanto más nuevos, inesperados, inéditos resultan al leerlos de verdad.
>Llámase clásico a un libro que se configura como equivalente del universo, a semejanza de los antiguos talismanes.
Con esta definición nos acercamos a la idea del libro total, como lo soñaba Mallarmé.
Pero un clásico puede establecer una relación igualmente fuerte de oposición, de antítesis. Todo lo que Jean-Jacques Rousseau piensa y hace me interesa mucho, pero todo me inspira un deseo incoercible de contradecirlo.
>Tu clásico es aquel que no puede serte indiferente y que te sirve para definirte a ti mismo en relación y quizás en contraste con él.
> Un clásico es un libro que está antes que otros clásicos; pero quien haya leído primero los otros y después lee aquél, reconoce en seguida su lugar en la genealogía.
> Es clásico lo que tiende a relegar la actualidad a categoría de ruido de fondo, pero al mismo tiempo no puede prescindir de ese ruido de fondo.
>Es clásico lo que persiste como ruido de fondo incluso allí donde la actualidad más incompatible se impone.
En el final de La ciudades Invisibles, de Italo Calvino, Marco Polo le dice al Gran Kan:
“El infierno de los vivos no es algo por venir; hay uno, el que ya está aquí, el que habitamos todos los días, el que formamos estando juntos. Hay dos maneras de no sufrirlo. La primera es fácil para muchos: aceptar el infierno y volverse parte de él hasta el punto de dejar de verlo. La segunda es arriesgada y exige atención y aprendizajes continuos: buscar y saber reconocer quién y qué, en medio del infierno, no es infierno”.-
Link: http://psicoanalisiscr21.blogdiario.com/
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> BLOGÓSFERA: EL CAFÉ DE OCATA.- “LEJOS DE MI, LA INTROSPECCIÓN (III)”.-

“La conciencia de la dificultad que presenta la introspección es tan antigua como la propia filosofía. Sócrates la formula con claridad en uno de los diálogos platónicos más hermosos, el Alcibíades I. Así como un espejo no puede verse a sí mismo, un alma no puede conocerse a sí misma, dice. Pero, siguiendo con la analogía del espejo, añade que así como un espejo puede verse reflejado en otro espejo, nosotros podemos vernos reflejados en los ojos de la persona con la que nos relacionamos. Obviamente, entonces, la introspección tiene la paradójica forma de una alienación. Para vernos a nosotros mismos necesitamos que el otro nos muestre cómo somos. Dando un paso más allá de Platón, Climent Rosset define a la introspección como “una ofrenda complaciente de la propia persona a la mirada ajena”. Y añade: “Se trata de un discurso exhibicionista y de la peor especie, por cuanto a fin de componer un rostro para consumo externo, incorpora la impostura de pretender limitar su interés por la observación de sí mismo. El deseo de ser visto se disfraza, en definitiva, de intención de conocerse a sí mismo”.-
LEER MÁS EN LA BITÁCORA DE GREGORIO LURI:
http://elcafedeocata.blogspot.com/
UN SALUDO GRANDE PARA GREGORIO, AQUILEANA
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BLOGÓSFERA: “LA MUERTE GEOMÉTRICA DE SÓCRATES”.-

“SIETE CABALLOS Y UN DROMEDARIO”.-
>Pegaso: El caballo de los dioses “Pegaso” fue el primer caballo que consiguió estar entre los dioses de la Mitología Griega y tratar de tú a los habitantes del Olimpo. Pegaso era el caballo de Zeus, el dios soberano y amo del Cielo y la Tierra.
>Janto: El caballo de Aquiles. Después de “Pegaso”, el caballo de los dioses, no hay más remedio que hablar de “los caballos de la Ilíada”, ya que sin ellos no se concibe la obra de Homero…ni la guerra de Troya. Janto junto con >Balio formaban la pareja de “caballos inmortales” que Peleo recibió al casarse con la nereida Tetis, de cuya unión nació Aquiles. Por su parte, Balio era igual de rápido que Janto. Esta rapidez de ambos era lo que impedía que Aquiles pudiera uncir a su carro otros dos caballos que era lo habitual entre los griegos.
>Bucéfalo: El caballo de Alejandro Magno.
>Incitatus: El caballo de Calígula. Los romanos nunca fueron especialistas en caballería, ni fue ésta el eje de sus ejércitos, pues Roma confió siempre más en sus famosas legiones que en sus jinetes.
>Genitor: El caballo de Julio César. caballo extraordinario, casi con pies de hombre y con pezuñas hinchadas a manera de dedos.
>Lazlos: El caballo del desierto fue el primer caballo real que tuvo Mahoma, el caballo que precedió a la “espada”… aquel caballo que le regaló el gobernador de Egipto. Aunque Mahoma amaba a su caballo como a su dromedario favorito: >Al Qaswa.
LEER MÁS:
http://lisis.wordpress.com/2007/12/20/siete-caballos-y-un-dromedario/
UN ABRAZO GRANDE PARA LISIS, AQUILEANA
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Bonustrack: “Time”. Pink Floyd (Pulse Tour Live).-
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¡Hola Aquileana!
No podría estar más de acuerdo con este artículo.
Los clásicos y los libros en general toman importancia y dejan huella en el momento que los hacemos nuestros. Cada uno tiene su tiempo, esperando a que estemos listos para descubrirlos. Por ello es un tanto absurda la presunción vacía de aquellos que se precian de ser muy leídos y sin embargo poco han comprendido de ellos.
El inconciente colectivo que señalas es fundamental y determinante para que muchos -aún sin habelos leído- intuyan su sabiduría. Y conocen o reconocen (tal vez solo lo segundo) recovecos que ni siquiera imaginan los lectores que carecen de mirada alerta y espíritu creador.
He leído (mas bien releído) clásicos modernos mexicanos y ahí he encontrado y clarifiado mucho de lo que apenas sospechaba y creía saber.
Enhorabuena por levantar este debate, siempre actual y -a mi parecer- directo a los accadémicos fríos y petulantes que pocas veces han escrito una línea.
Un abrazo.
Rafael Frias
Hola Aquileana! Me referiré, en punto a la introspección, a unos versos de Manal (“Una casa con diez pinos”, interpretada también por Pappo): “…prefiero sonreir, mirar dentro de mí, fumar o dibujar, para qué complicar…”. Coincido, respecto de los clásicos, con Aguilagriega. Por algo Borges admiraba a Virgilio.
En punto a Pink Floyd, maravilloso. Su profundidad instrumental es un clásico (vaya coincidencia) maravilloso. “Time”, una joya dentro de una mina de diamantes musicales: El lado Oscuro de la Luna. Un placer, epicureísta (jajajaja), al fin. Y pensar que lo grabaron en 1973! Aclaro que yo era muy pequeño…
Besos muchos
Aquel que no lee a los clásicos es alguien sin sombra, es alguien sin clase.
Estupendas todas las palabras de Calvino, grandes razones y grandes verdades.
Saludos
De acuerdo con tu reflexión ; Lisis, Y además : más que avalado por la empiria estás para hacerla…
Con tu “clásica sapientia”, enhorabuena que ya has leído y releído a los “clásicos” ( me consta…).-
Un abrazo, Aquileana
Hola Rafael;
Muy bien por eso de “Los clásicos y los libros en general toman importancia y dejan huella en el momento que los hacemos nuestros. Cada uno tiene su tiempo, esperando a que estemos listos para descubrirlos”…
Gran síntesis; creo que sólo alcanzable por haberlos leído y frecuentado y “habitado”…
Un abrazo para vos, Aquileana
Hola Javier;
Muy bueno lo de Manal,… Cité este post de Gregorio porque es una visión alternativa a la reduccionista que considera la Intropsección como un mero ejercicio solipsista, proponiendo la versión superadora de introspección como coenxión con la Otredad.
BTW: Te recomiendo visites este blog que es realmente bueno…
En cuanto a Floyd , veo que coincidimos (Once more…). Sendos temas: Time y Wish you were here son diamantes como los calificabas oportunísimamente…
Abrazo grande Aquileana
he subido a Bubok.com un libro titulado Los caballos de la noche. Pido autorizacion para ponerle como portada la imagen
aquileana.wordpress.com/2007/12/20/siete-caballos-y-un-dromedario
Adelante Juan…
Saludos, Aquileana
Hola. Pues recomiendo un libro que está por descubrir, y os brindo el conocimiento de su existencia. Se titula “Viaje a la Divinidad-Muerte en vida” El titulo promete, pero es que su lectura es sumamente enriquecedora, hablando desde la experiencia personal.
Yo me informé y lo pedí en el correo
viajealadivinidad@oangemail.es
me lo enviaron y mientras lo leía ya notaba como iba tomando forma sus palabras en mi interior. Al acabarlo experimenté un enriquecimiento interior, del cual os quiero hacer participes.
Lo sigo releyendo en ocasiones, abriendo sus páginas en cualquier momento, y por supuesto lo recomiendo a quienes se quieren enriquecer y tomar consciencia de la profundidad que nos rodea.
Un Abrazo a todos
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