Término: ”Torre de Babel”.-
La vanidad fue siempre la que hizo edificar los grandes monumentos, y por vanidad se edificó también la torre de Babel. «Construyamos -dijeron- una torre cuya cumbre llegue al cielo, y hagamos célebre nuestro nombre antes de dispersarnos por todo el mundo.» Esa empresa la acometió una tal Faleg, que tuvo a Noé por quinto abuelo. Como se ve, la arquitectura y todas las artes accesorias progresaron extraordinariamente en cinco generaciones. San Jerónimo, que dice que vio faunos y sátiros, no vio la torre de Babel; pero asegura que tenía veinte mil pies de altura, que no es una bicoca. El antiquísimo libro Jacult, que escribió un docto judío, demuestra que su altura era de ochenta y un mil pies judíos, y es sabido que el pie judío era poco más o menos de la misma longitud que el pie griego. Parece más verosímil que tuviera esas dimensiones que las que supone San Jerónimo. Esa torre subsiste todavía, pero ya no es tan alta. Varios viajeros muy verídicos la han visto. Yo, que no la he visto, no me ocuparé de ella, como no me ocuparé de mi primer padre Adán, con el que no tuve el honor de conversar. Pero consultad con el reverendo padre Calmet, que es hombre de ingenio sutil y profundo filósofo, y él os explicará detalles. No sé por qué dice el Génesis que Babel significa confusión, puesto que Ba, padre en las lenguas orientales, y Bel significan Dios; luego Babel debía significar la ciudad de Dios, la ciudad santa. Los antiguos daban este nombre a todas sus capitales. Babel significará confusión, ya porque los arquitectos quedaran confundidos después de haber verificado su obra, ya porque allí se confundieron todas las lenguas; y es evidente que desde entonces los alemanes ya no entendieron a los chinos, aunque si hemos de creer al sabio Bochart, el chino fue en su origen el mismo idioma que el alto alemán.

¿Faleg? no será Nenrod.